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¿Montar un negocio en plena crisis? Ojo con los cantos de sirena

Ramón Aragones / www.invertia.com
Miércoles, 14 de Septiembre de 2011 - 11:55 h.

Desde que empezó la fuerte recesión y la lluvia de parados en nuestro país, desde algunos partidos políticos y desde diversas instituciones públicas se arenga a los ciudadanos a hacer frente a esta sangría laboral buscando salidas imaginativas, entre ellas la de convertirse en empresario o emprendedor. En otras palabras: se anima a los jóvenes y parados para que monten una empresa en vez de esperar a que una gran corporación los contrate.

El último en recurrir a este populista discurso ha sido el PP, que comunicó con mejor o peor acierto hace unos días a través del vicesecretario de Comunicación, Esteban González Pons, que si llega al Poder creará 3,5 millones de empleos y ello mediante la creación de un millón de empresarios.

Este culto al emprendedor es en un principio de lo más loable y bienintencionado. Pensemos que en momentos de crisis se convierte en un gran salvavidas para muchos profesionales. Además, este tipo de sociedades suele a su vez generar nueva demanda de profesionales, con lo que la sociedad en su conjunto se enriquece. Y, según los últimos informes entre las profesiones más demandadas desde que estalló la crisis se encuentran muchos oficios que encajan perfectamente con profesionales autónomos y liberales.

Pero cuidado porque convertirse en emprendedor es un arma de doble filo peligroso para muchos ciudadanos. Y es que en muchas ocasiones, lejos de mejor la situación del parado, esta opción de dar el salto al mundo de la empresa, sobre todo si es como autónomo, puede meterle en un infierno laboral y económico peor al que intenta dejar atrás.

Veamos los datos. Según un reciente informe, de la firma D&B Informa y Axesor, entre enero y junio nacieron en nuestro país una media diaria de 256 nuevas sociedades mercantiles, pero desaparecieron 377 diariamente. Y en estos datos no se incluyen las 2.801 pymes que han presentado un proceso concursal (a razón de unas 15 cada día). Además, según otras estadísticas, entre el 80 y el 90% de las pymes se ven abocadas a cerrar su negocio en los cinco primeros años de existencia.

Basta recorrer estos días algunas de las calles principales o secundarias de cualquier ciudad española para comprobar el fuerte castigo que están sufriendo los pequeños negocios de nuestro país, da igual que sean comercios, academias, negocios textiles o restaurantes.

Recuerdo la contudente respuesta que me dio hace no mucho el director general del Centro de Estudios Financieros (CEF), Arturo de las Heras, cuando le pregunté si veía interesante hacer consultorios en Invertia para aconsejar a aquellas personas interesadas en convertirse en emprendedores o en montar un negocio. Su contestación fue clara: `Más que ayudarles sobre lo que tienen que hacer para crear una empresa, habría que explicarles cuando no deben montar una empresa por muy ilusionados que estén y por mucho que sepan de un sector concreto´.

Desgraciadamente, son muchos los obstáculos que aguardan al emprendedor en su camino hacia el mundo de la empresa: de tipo fiscal, administrativo, de saturación de mercado, de falta de capacitación adecuada, etc. Pese a ello, muchos españoles guardan en su retina una imagen muchas veces idílica de lo que es montar un negocio, alentada por casos tan míticos como los de Bill Gates o Steve Jobs poniendo las semillas de sus futuros imperios (Microsoft o Apple) en los garajes de sus viviendas.

En cualquier caso, si están convencidos del éxito de su iniciativa empresarial, adelante. Eso sí, consulten previamente la amplia bibliografía existente tanto en castellano como en inglés sobre los puntos negros del emprendedor y sobre los aspectos que hay que tener en cuenta para no entrar en un nuevo negocio como un elefante en una cacharrería.

Y no olviden el simple e inteligente consejo del conocido emprendedor de internet Carlos Barrabés: para montar un negocio de éxito no hace falta tener grandes carreras, ni grandes masters o títulos universitarios, ni tener un alto coeficiente intelectual, como algunos piensan. Solo se necesita una cosa, intuición, ganas y saber controlar los riesgos desde el primer día para que los gastos no se coman los ingresos.