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Budapest clásico, las dos caras del Danubio

El Danubio constituyó durante siglos la frontera natural de dos ciudades condenadas a entenderse y a unirse. Buda, montañosa y señorial, y Pest, llana y bulliciosa, formaron esta joya del imperio austrohúngaro en el último tercio del siglo XIX y en ellas florecieron palacios burgueses, iglesias barrocas, puentes de inspiración francesa, balnearios modernistas y cafés literarios. Budapest siempre merece un viaje.

Grupo Zeta
Jueves, 22 de Septiembre de 2016 - 9:30 h.

Firma: Javier Carrión

Budapest fue fundada en 1873 a partir de la unión de tres ciudades milenarias, Buda y Óbuda en la orilla oeste del Danubio y Pest en la orilla este, con su personalidad y su historia particulares. Buda, la ciudad de los más pudientes ayer y hoy, sigue protegida por sus viejas murallas y por la antigua Puerta de Viena, que concentra hoy dos museos interesantes, la Galería Nacional Húngara y el Museo del Castillo, y una nube de turistas que suben a pie o en su viejo funicular para entender por qué los húngaros llaman a su capital La perla del Danubio y por qué fue declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en 1987.

Solo hay que acercarse a la Iglesia Matías, el templo donde fueron coronados Francisco José I y Sissi y Carlos IV, el último rey austro-húngaro, y al Bastión de los Pescadores para contemplar una vista excepcional del Danubio. En este punto el río alcanza los 500 metros de anchura, como si se tratara de una cinta mágica que se despliega de manera señorial, no exenta de corrientes peligrosas, por la curva que se dibuja en la ciudad. Algunos contemporáneos de compositores de operetas tan románticos como Johann Strauss o Franz Lehár quisieron adivinar ese color azul con el que se adjetiva al majestuoso río centroeuropeo, pero lo que resulta indudable es que delante de nuestros ojos, con el soniquete lejano de algún violinista de las terrazas del espectacular mirador, aparece uno de los más bellos skyline del continente: de izquierda a derecha, la isla Margarita, la iglesia barroca de Santa Ana, la Iglesia Reformista y el Puente de las Cadenas, el primero que enlazó Buda y Pest en 1849. En medio de esta postal, en la otra orilla, el deslumbrante Parlamento.

La sede de la Asamblea Nacional húngara asombra por sus dimensiones, pues es el edificio más grande del país, con 18.000 metros cuadrados, y se escogió como contrapeso al Palacio Real para resaltar que el futuro de la nación estaba en las manos del pueblo y no de la vieja monarquía de los Habsburgo. El Parlamento, con su llamativa fachada neogótica orientada hacia el río, fue en su momento uno de los edificios más modernos de Europa, con un sistema de calefacción revolucionario servido por cuatro generadores de vapor, una docena de elegantes ascensores que todavía siguen en funcionamiento y, sobre todo, una original decoración interior. El dorado es el color que reluce en la mayoría de las 700 estancias del edificio, aunque solo hay cuarenta kilos de oro macizo, pero de ellas resalta especialmente una: la Sala de la Cúpula, donde dos soldados custodian la corona de San Esteban, el primer rey húngaro de la historia, y su espada ceremonial.

Un corto paseo por los alrededores del Parlamento en dirección a la Basílica de San Esteban bastará para descubrir otros detalles ornamentales de Budapest. En la ruta sorprende el puente dedicado a Imre Nagy, cabecilla de la fallida revolución de 1956, o la estatua callejera de Ronald Reagan, el último presidente estadounidense de la guerra fría, situada junto a la embajada norteamericana, muy protegida en una calle cortada donde sobresale la Caja Postal de Ahorros y su bella cornisa art nouveau. A solo unos pasos, la Basílica de San Esteban muestra en su interior la mano derecha momificada del primer rey húngaro, aunque ahora muchos asocian el templo a la boda de Evita en la película de Alan Parker que protagonizara Madonna en 1996.

Brillante y cautivadora

En Pest, cuyo origen se remonta a más de mil años atrás, cuando los romanos levantaron unafortaleza llamada Contra Aquincum, sorprende el bullicio de sus calles comerciales y plazas. Aquí se concentra el santuario de la vida musical magiar con la Academia de Música Ferenc Liszt, junto a los populares cafés belle époque de entreguerras, cuando Budapest fue considerado el París de la Europa Central, o el hermoso edificio de la Ópera, con sus conciertos asequibles desde 12 euros, al que se puede llegar todavía en la línea 1 del primer Metro construido en Europa (1896). Todo un mundo de contrastes donde también cautivan sus ruin pubs, bares diferentes y atrevidos instalados en edificios completamente abandonados y en ruinas, enfrentados a otros más lujosos como el Café Nueva York o, si pensamos en la arquitectura religiosa, la Gran Sinagoga, la más grande de Europa con capacidad para 3.000 fieles, y su emotivo Monumento del Holocausto, erigido sobre las fosas comunes de quienes murieron a manos de los nazis. Muy cerca, el Mercado Central nos aproxima al modo de vida húngaro del siglo XXI, aunque cada vez son más los turistas que se acercan a este resplandeciente edificio repleto de puestos de comida y de restaurantes típicos y al cercano Puente de la Libertad, uno de los ocho puentes majestuosos de la ciudad, como el de las Cadenas y el de Isabel, que fueron destruidos por los alemanes en la II Guerra Mundial. Ahora forman un magnífico escenario para las excursiones en barco que se organizan en el Danubio. En la noche, cuando Budapest se ilumina, la sensación es inolvidable junto a sus principales monumentos, que forman una auténtica caja de tesoros brillante y cautivadora. Más divertida resulta la experiencia de subir a un autobús anfibio de color amarillo que realiza un recorrido por el río, como si se tratara de una embarcación, después de atravesar por las calles más emblemáticas de la ciudad. El vehículo parte de los alrededores del hotel Four Seasons, icono del art nouveau en Budapest, y el recorrido cuesta 28 euros.

Conquistadores de los Cárpatos

Sin abandonar Pest y dirigiéndose al Parque Municipal, el bulevar Andrássy surge con sus árboles frondosos a imagen y semejanza de los parisinos. Fue el hogar de la aristocracia húngara y ahora se presenta como una avenida copada por las tiendas de grandes firmas y algunos museos interesantes, como la Casa del Terror o la Casa Museo Franz Liszt, que termina en la Plaza de los Héroes. Los húngaros se enorgullecen de esta plaza, la más grande y simbólica del país, pues está presidida por el Monumento al Milenario (1896), un pilar de 36 metros de altura dedicado a la llegada de los magiares y a los que dieron su vida por el país. Rodean a esta columna las figuras de Arpad y los seis caudillos magiares que ocuparon los Cárpatos en el siglo IX. Detrás del monumento se erige una bella columnata con catorce soberanos y personajes ilustres húngaros.

El circo estable y el parque zoológico, construido por la factoría Eiffel, se sitúan igualmente a solo un paso de esta bella plaza, junto a los Baños Széchenyi, uno de los balnearios más famosos de Budapest, que recoge las aguas más calientes de la ciudad al alcanzar 76 grados al llegar a la superficie. En realidad, la capital de Hungría tuvo la suerte de encontrarse con una combinación inmejorable. Las aguas con propiedades medicinales que surgen de sus múltiples manantiales, muy ricas, muy mineralizadas, se cruzaron en el camino del buen hacer de los turcos. El pueblo inventor de los famosos baños utilizó a la perfección la riqueza de esta ciudad centroeuropea, creando múltiples instalaciones dedicadas a esta actividad. Széchenyi es uno de ellos, muy famoso por las partidas de ajedrez que juegan los budapestinos al tiempo que toman las aguas. Pero la mayor cantidad de manantiales termales, unos 125, se encuentra en Óbuda, cerca del Monte Gellért y en el terraplén de Buda, muy próximo a la isla Margarita. En el Monte Gellért, impregnado de supersticiones y leyendas, se conservó siempre una imagen inquietante, fraguada con las historias de brujas y la presencia de la amenazante ciudadela austriaca. Actualmente, el balneario, que lleva el nombre del obispo mártir y patrono de Budapest, está a punto de cumplir su primer centenario (2018) y, como antaño, calma a sus visitantes con unas aguas entre 26 y 40 grados, muy beneficiosas para el dolor de las articulaciones, la artritis y la circulación de la sangre. Se dice de los Baños Gellért, decorados en estilo art nouveau, que quien se relaja en ellos es como si lo hiciera en una catedral. Una experiencia que se puede completar en Budapest con otras clásicas instalaciones turcas, como los Baños Rudas, los Rácz, los Lukács y los Baños Király, que guardan las características de los baños otomanos. Otro estimulante viaje en el tiempo.

Fuera de la ciudad, a 30 kilómetros al noroeste de Budapest, se levanta el Palacio Real de Gödöllö, regalo del Estado húngaro a Francisco José I e Isabel de Baviera por su coronación real en el año 1867. El edificio había sido diseñado en 1741 por Antal Grassalkovich y en él la emperatriz y reina Isabel, conocida popularmente como Sissi, residió durante más de dos mil días de su agitada vida. Los historiadores aseguran que fue su residencia favorita en las estaciones de primavera y otoño, pues la prefería al frío Palacio Hofburg de Viena. Por su parte, Carlos IV, el último rey austrohúngaro, la utilizó hasta el desmoronamiento de la monarquía en 1918. Después de la Segunda Guerra Mundial, época en la que el palacio fue ocupado primero por alemanes y luego por las tropas soviéticas, todo el mobiliario fue saqueado y el palacio permaneció en el olvido hasta que sirvió de hogar para ancianos con pocos recursos durante un corto periodo de tiempo. Finalmente, en el año 1996, tras ser renovado, se inauguró la primera exposición permanente del Museo del Castillo en el ala de la fachada principal, con el salón de actos y las suites imperiales. Hoy, los admiradores y seguidores de la figura de la emperatriz Sissi pueden recorrer seis habitaciones originales repletas de recuerdos, fotografías, cartas y objetos personales tanto de ella como de sus hijos: Sofía, Gisela, Rodolfo y María Valeria. Merecen especial atención el salón con escritorio de la emperatriz, con fotografías de su estancia en Gödöllö; la suite de la emperatriz con su vestuario, decorada en color violeta, su preferido, con imágenes de sus hijos y de su madre, la princesa Ludovica de Baviera, y algunos cuadros de Sissi montando a caballo y jugando con sus perros. Finalmente, destaca la habitación del rincón, última sala que evoca la muerte de Isabel en 1898 y el culto posterior a esta emperatriz y reina, multiplicado tras la sucesión de filmes sobre su vida que se rodaron en los años 50 y 60 del pasado siglo, con Romy Schneider como protagonista.

Emulando a "Ben-Hur"

La guinda final de un viaje a Budapest puede ponerse en el Parque de Equitación de Lázár, a 35 kilómetros de la capital y a solo 5 del Palacio Gödöllö de Sissi. En esta hacienda, soñada por los hermanos Lázár, campeones del mundo en la especialidad hípica de conducción de coches tirados por caballos, se recrea el ambiente de los poblados húngaros con una espectacular exhibición ecuestre que evoca las tradiciones hípicas magiares. Vaqueros a pie subidos en grupo de ocho caballos, jinetes especialistas en el tiro con arco y flecha, carruajes tirados por bueyes y una suculenta comida regional, amenizada con un grupo de zíngaros del país, son el plato fuerte de este show de los hermanos Lázár (la entrada al espectáculo cuesta 12 euros o 31 euros con el almuerzo incluido). Estos campeones también organizan todos los años el espectáculo ecuestre Galope Nacional (Nemzeti Vágta) en la Plaza de los Héroes en Budapest, convertida en una pista de carreras de 6.200 metros, emulando a Ben Hur y a las tribus que ocuparon el país en el siglo IX. Se celebra durante tres días en septiembre. Información enlazarteam.hu y vagta.hu

Sziget 2016, el festival de las estrellas

Del 10 al 17 de agosto se celebra en Sziget, la isla de la libertad en el Danubio, uno de los festivales de música más populares en Europa. Sziget empezó casi como una reunión de estudiantes campistas en 1993 y en la actualidad c onvoca a grandes estrellas de la música internacional. Este año el plato fuerte del programa lo encabeza Rihanna, ganadora de ocho premios Grammy y doce premios Billboard, que actuará el 11 de agosto. También está confirmada la presencia de otros famosos artistas, como Manu Chao, Kaiser Chiefs, Fidlar, Boys Noize, Dillon Francis y Hardwell, encargado de la clausura de esta edición de Sziget. El año pasado más de 440.000 personas acudieron a esta cita veraniega de Budapest. Información y entradas en es/szigetfestival.com

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