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¿Es el descontrol de la deuda mundial la auténtica razón de la renacida crisis?

China y el petróleo se repiten como causas para simplificar el batacazo que asola las Bolsas desde finales del pasado diciembre. Pero asoman como un virus otros desequilibrios siempre dispuestos a reactivarse. Desde la crisis subprime, desde la crisis de la deuda en Europa, los grandes Estados acumulan un 74% más de deuda y, pese a ello, las economías no acaban de arrancar. Algo trasladable también al mundo empresarial.

Luis  Aparicio / www.invertia.com
Jueves, 21 de Enero de 2016 - 11:05 h.

Los analistas, los inversores, los políticos, los economistas, los periodistas andamos buscando qué se esconde tras esta debilidad de los mercados financieros, especialmente la Bolsa. La debilidad de los mercados emergentes por la caída de las materias primas, el menor crecimiento de China o la caída del petróleo se esgrimen como argumento para explicar con rapidez esta debacle.

Pero estas respuestas no dejan del todo satisfecho cuando los mercados insisten con tanta contumacia en la caída y a los tímidos rebotes les suceden nuevos desplomes. El círculo vicioso que se generó con las hipotecas subprime en Estados Unidos y su contagio a la banca y finalmente su repercusión en deuda pública vía rescate sigue operando.

De igual forma y pese a los mensajes tranquilizadores de mandatarios europeos, la deuda pública sigue como problema de primer orden. Nuevamente se cae en esas espirales de deuda que acaban debilitando a la banca y al conjunto del sistema productivo. Y eso que el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi esté dispuesto a dopar cuanto haga falta a deuda pública y privada. Japón también ha abierto programas en este mismo sentido de estimular la economía con todo el dinero que sea necesario.

Desde 2008 las grandes economías han pasado de tener una deuda de 20,5 billones de euros hasta los 35,6 billones actuales, lo que supone un aumento del 73,75%. Los datos son muy llamativos. En España el crecimiento ha sido el 141% desde los 0,44 billones hasta los 1,06 billones que suportamos hasta ahora. Sin embargo, hay dos economías que nos han superado en rapidez de crecimiento de su deuda pública. En el Reino Unido el aumento en esos siete años es del 179% desde los 0,83 billones hasta los 2,30 billones.

MUCHA DEUDA PARA UN RESULTADO ECONÓMICO POBRE

China se ha incorporado por la puerta grande al grupo de países que deben dinero. En 2008 su deuda pública era inferior a la actual de España con 0,97 billones y a cierre de 2014 (últimos datos disponibles) alcanza los 3,20 billones de euros con un incremento del 227%.

A la cabeza de todos se encuentra Estados Unidos con un volumen de deuda pública de 13,6 billones ahora frente a los 7,28 billones que soportaba a finales de 2008. Dentro de los grandes países europeos, el menor aumento se produce en Alemania con un 29% más de deuda. Le sigue en “austeridad” Italia donde ha aumentado un 31% con más de 2,2 billones de euros, en tanto que en Francia ha crecido un 55%, malo pero mucho mejor que el 141% que ostenta la economía española.

Pero todos estos incrementos de deuda sobre el PIB que se han producido en siete años de crisis evidencian el escasísimo efecto que ha tenido en mejorar las economías. Eso sea, tal vez, lo que explique los resquemores que muestran los mercados y sus principales actores, los inversores. Están financiando con consumo de avión un automóvil que apenas corre. Con estos ritmos de crecimiento, las posibilidades de recuperar lo prestado se antojan complicadas. Volvemos al problema de raíz

A estas gigantescas cifras de crecimiento de la deuda habría que sumar el comportamiento del endeudamiento privado. Aunque aquí, hay vasos comunicantes ya que buena parte de la deuda privada acaba siendo asumida por el Estado en forma de rescate de entidades financieras e, incluso, empresas.

En España hemos asistido como broche de cierre del pasado año al preconcurso de Abengoa. Una situación muy difícil en la que se ha pedido una intervención pública para salvar la compañía. Al igual que el problema de la deuda pública, las empresas siguen muy endeudadas y el ritmo de desapalancamiento es mucho más lento que el esperado por los inversores. Una vuelta en la tendencia de los tipos de interés podría ocasionar problemas muy graves a los resultados de las compañías. Un efecto general y mucho más devastador que la subida del petróleo que afecta únicamente a las petroleras.

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