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¿Peligra tu puesto de trabajo con las nuevas tecnologías?

Vivimos una cuarta revolución industrial. La tecnología se está desarrollando a un ritmo tan vertiginoso que amenaza con destruir más trabajos de los que es capaz de crear a corto plazo. Algunas firmas ya estiman que para 2025 una cuarta parte de los empleos queden obsoletos o estén automatizados y que este porcentaje ascienda al 40% dentro de 20 años. Banca, hostelería, medicina o industria son algunos de los sectores que se verán afectados.

Aitor Atozqui / www.invertia.com
Viernes, 15 de Abril de 2016 - 16:43 h.

¿Recuerda cuando era imposible saber la hora sin mirar un reloj, había que pelearse con mapas de carretera, las noticias solo se encontraban en el kiosko, era necesario llevar las fotografías a revelar y, en caso de apuro, había que buscar una cabina telefónica? La era digital ha vuelto obsoletos cientos de pequeños objetos físicos que antes formaban parte de nuestro día a día. Pero también está haciendo lo mismo con nuestro puesto de trabajo.

El desarrollo del software y la inteligencia artificial; los cambios de hábitos de consumo o, sencillamente, la austeridad a la que nos ha forzado la crisis, está acabando con numerosas profesiones y amenazando millones de puestos de trabajo. A comienzos de año, la entidad que organiza el Foro Económico Mundial no dudó en calificar este proceso de “cuarta revolución industrial”. Por su parte, Boston Consulting Group estima que para 2025 una cuarta parte de los puestos de trabajo actuales se habrán automatizado o vuelto obsoletos. Y varios estudios de la Universidad de Oxford elevan este porcentaje al 40% para los próximos 20 años.

Esto no significa que vayamos a ser esclavizados por robots, como nos ha inculcado el cine de ciencia ficción. Es innegable que el progreso puede ser traumático, pero a largo plazo la tecnología mejora la productividad y crea nuevos empleos, como demuestra el hecho de que el mercado laboral se haya adaptado a tres revoluciones industriales, la incorporación de la mujer y las constantes explosiones demográficas. De hecho, un estudio publicado en agosto por Deloitte concluyó que, desde 1871, la tecnología ha contribuido a crear más trabajo y de mayor calidad en países como Inglaterra: solo en las dos últimas décadas, la demanda de auxiliares médicos y enfermeros se ha disparado más de un 900%.

Sin embargo, a corto plazo la era digital avanza a un ritmo tan frenético que amenaza con destruir empleos con más rapidez de lo que los crea. Estas son algunas de las profesiones que van a verse más afectadas por la revolución tecnológica en las próximas décadas:

Banca: Las entidades financieras son supervivientes natas capaces de salir a flote de cualquier crisis, aunque sea a costa del bolsillo del contribuyente. Pero en un entorno de tipos al 0%, tasas de depósito negativas, Euribor en caída libre, demandas judiciales, presiones regulatorias y competencia encarnizada, los despidos masivos se han convertido en la vía más rápida de recortar costes. El cierre de sucursales también se ha visto acelerado por el desarrollo de la tecnología móvil que ha llevado a más de un tercio de los clientes a no pisar nunca una oficina y ha propiciado la aparición de nuevos competidores.

La principal amenaza para la banca son las llamadas fintech, empresas tecnológicas como PayPal que ofrecen servicios gratuitos o de bajo coste que antes eran exclusivos de las entidades. Los expertos de Citi creen que la nueva competencia será devastadora para el sector y podría provocar la eliminación de 1,7 millones de puestos de trabajo a ambos lados del Atlántico a lo largo de la próxima década.

Asesoramiento financiero: Los mercados han pasado de ser grandes salones donde los intermediarios intercambiaban papeles a pleno grito, a silenciosas salas informatizadas capaces de cruzar docenas de operaciones en la duración de un parpadeo gracias al trading algorítmico. La tecnología juega un papel cada vez más crucial en los mercados y ya no hay firma internacional que no cuente con matemáticos y programadores en su equipo. En un negocio donde el frío cálculo estadístico y el análisis de tendencia importan más que la intuición, no es extraño que las máquinas aspiren a reemplazar al ser humano.

Los llamados robo advisors son programas que gestionan carteras de inversión siguiendo estrategias concretas y ofrecen bajas comisiones. Su utilidad es limitada y nunca sustituirán por completo al gestor, pero su crecimiento es imparable: la gestora A.T.Kearney estima que en 2020 gestionarán activos por valor de 2,2 billones de dólares en todo el mundo.

Transporte y transferencia de efectivo: El dinero en metálico se dirige sin prisa pero sin pausa hacia la extinción, presionado por el pago con tarjeta, la compra por internet y la aparición de divisas virtuales como el bitcoin. En Dinamarca las gasolineras, las tiendas de ropa y los restaurantes ya ni siquiera tienen la obligación legal de aceptar billetes y monedas. Al fin y al cabo, en 2015 solo el 25% de los pagos en el país se realizó en efectivo. Esto es una mala noticia para las empresas cotizadas como Prosegur, que se especializan en transporte y seguridad de fondos.

Agricultura: El campo es siempre la primera víctima de la industrialización. Durante años, la aparición de maquinaria agrícola, fertilizantes y otros avances han alimentado la migración hacia las ciudades. Pero la era digital amenaza ahora con eliminar el elemento humano incluso de la vendimia. La empresa californiana Vision Robotis ya está trabajando en robots capaces de identificar todo tipo de frutas (desde uvas hasta naranjas) mediante sensores y recogerlas de forma rápida, eficiente y segura.

Industria: La industria es otro de los sectores que sufren con mayor dureza las revoluciones tecnológicas. Los trabajadores humanos sencillamente no pueden competir contra brazos robóticos que funcionan 24 horas al día a gran velocidad y con precisión quirúrgica. La última tendencia son las llamadas fábricas inteligentes, como la que el fabricante de móviles Changying Precision Technology tiene en la ciudad china de Dongguan y que en los últimos años ha recortado su plantilla de 650 a 60 trabajadores. Siemens, Foxconn o Shenzen Everwin Precision Technology están siguiendo estos pasos.

Ni siquiera los operarios que no trabajan en cadenas de montaje, como los del negocio aeronáutico, están libres de peligro. El proyecto VALERI aspira a dejar obsoletos también a estos empleados, mediante la introducción de robots móviles con brazos mecánicos capaces de maniobrar en espacios reducidos y operar a varias alturas.

Construcción: Aunque las impresoras 3D existen desde los 80, su pleno potencial se ha descubierto en los últimos años y promete revolucionar el negocio de la construcción. La compañía china Winsun asegura ser capaz de construir 10 casas en un solo día a un precio de apenas 5.000 dólares por vivienda mediante estos dispositivos. La empresa es capaz incluso de construir bloques de edificios de hasta cinco plantas. Esto implica que las constructoras solo necesitarán una fracción de su plantilla para funcionar.

Mensajería y reparto: Más de una multinacional está trabajando en formas creativas de abaratar costes en el reparto a domicilio. Amazon está apostando decididamente por un sistema de mensajería con drones que realizarían el llamado transporte de “última milla” hasta nuestro hogar. Los drones son un elemento cada vez más presente en nuestra vida diaria, pero la regulación del tráfico aéreo de momento es un serio obstáculo para su implementación.

Por su parte, Domino´s Pizza ve su futuro en los llamados unidades robóticas de Domino´s (DRU), unos vehículos similares a los coches teledirigidos pero que son autónomos y se guían por un sistema de láseres y sensores, siguiendo las indicaciones de su GPS. El DRU también tiene cámaras incorporadas para disuadir a los ladrones. Una vez en el domicilio, el cliente introduce un código para poder acceder al producto. La compañía ya ha realizado pruebas con éxito en la ciudad australiana de Brisbane.

Logística y transporte: Si Uber ya tenía furiosos a los taxistas de medio mundo, su último plan podría provocarles ataques de ira. En febrero de 2015, el grupo anunció que estaba trabajando en vehículos sin conductor. En Reino Unido, la empresa Milton Keynes ya ha puesto en circulación taxis autónomos (aunque con resultados dispares). Y en la ciudad india de Gurgaon, se está estudiando la introducción de vehículos similares. Los conductores no van a desaparecer de la noche a la mañana: ni los GPS son siempre perfectos, ni la máquina sabe anticipar aún carreteras en obas, accidentes o controles policiales. Pero empresas como Google o Delphi ya han logrado que sus coches autónomos realicen trayectos de miles de kilómetros sin apenas intervención humana.

El transporte público también haciendo sus propios experimentos. La CE, a través del 7º Programa Marco tiene previsto probar autobuses autónomos en ciudades como San Sebastián, Trikala (Grecia) o La Rochelle (Francia). Y Daimler ya ha realizado las primeras pruebas de campo de sus camiones no pilotados para el transporte de mercancía por carretera.

Industria militar: Los ejércitos de medio mundo emprendieron hace décadas un giro hacia la profesionalización de sus tropas. Si los soldados ya no son carne de cañón, sino fuerzas de élite que tardan años en ser adiestradas, reducir las bajas se convierte en una prioridad. El ejército estadounidense confía cada vez más en sus aviones no tripulados, mientras que la Marina Británica trata de exportar el concepto hacia los vehículos anfibios. En su esfuerzo por evitar que las tropas estén expuestas, la industria militar está tratando de sustituir a las patrullas por torres de vigilancia por control a distancia.

Hostelería: El desarrollo de la inteligencia artificial no está creando máquinas que quieran conquistar el mundo, pero los robots empiezan lentamente a apoderarse del sector turístico. Una docena de hoteles de EEUU ya han sustituido a su servicio de habitación por la gama de robots Relay. Estas máquinas viajan desde recepción hasta la habitación del huésped guiándose mediante un sistema de Wi-Fi, cámaras y sensores, llaman al ascensor a distancia y cargan en su interior con productos a los que se accede solo con clave.

Por su parte, el robot Mario realiza labores de recepción, atendiendo a los huéspedes en 19 idiomas. No es de extrañar que ya existan algunos hoteles completamente automatizados como el Henn Na (hotel raro) de Nagasaki (Japón), en el que los trabajadores humanos solo se pasan a realizar labores de mantenimiento.

Ni siquiera los camareros y cocineros están completamente a salvo de la nueva revolución industrial o, al menos, los que trabajan en grandes restaurantes o clubs. El primer robot camarero, Makr Shakr, existe desde hace un par de años y es un brazo robótico, similar al de las cadenas de montaje, con capacidad para preparar un gogol (un número formado por un uno seguido de 100 ceros) de posibles combinados de bebidas. Es decir, todo cóctel habido y por haber. Por su parte, Shadow Robot Company ha diseñado otro mecanismo similar que imita a la perfección el movimiento humano y es capaz de preparar cualquier receta imaginable siempre que se le den los ingredientes necesarios.

Dependientes: Los establecimientos no prescindirán del elemento humano, pero posiblemente los encargados supervisen máquinas en lugar de trabajadores. La compra por internet está acelerando esta tendencia, junto con las máquinas de check-in en aeropuertos, la automatización de peajes en autopista o los paneles y máquinas en los que el cliente puede elegir un producto y pagar con tarjeta (McDonal´s). Tres grandes avances amenazan con dejar obsoletos a los dependientes.

En primer lugar el desarrollo del software. La empresa Scandit ha desarrollado un servicio para minoristas con el que los clientes pueden escanear un producto con su móvil, ver el precio y sus características y pagarlo sin necesidad de pasar por caja. No está exento de fallos y en parte confía en la bondad del consumidor, pero en unos años podría estar perfeccionado. La cadena de moda Lowe´s cuenta con asistentes de ventas en algunas de sus tiendas.

La robótica también es una amenaza para el empleado tradicional. El robot japonés Pepper ya ha sido puesto a prueba como comercial en algunos establecimientos de EEUU y, pese a sus errores, es capaz de atender al cliente, guiarle hacia el producto deseado o responder a preguntas básicas. Su desempeño está lejos de ser perfecto y quizá siempre necesite supervisión, pero ha demostrado una enorme capacidad de adaptación y aprendizaje.

Por último, Ikea está tratando de ir más allá y eliminar incluso la necesidad de acudir físicamente a sus almacenes. La compañía especialista en “hágalo usted mismo” está diseñando un programa de realidad virtual que en 5-10 años permitirá al cliente escoger una habitación (baño, cocina, etc) y personalizarla con todos y cada uno de los productos de su catálogo, con una visión de 360 grados, y comprarlos por internet. La compañía Cadsoft trabaja en un programa similar, pero conectado a una base de datos con los catálogos de las principales empresas mayoristas de decoración.

Atención al cliente: En junio de 2015 la firma japonesa SoftBank Robotic Corp se jactó de haber vendido 1.000 robots para labores de atención al cliente en oficinas en apenas un minuto. Sin ir tan lejos, poco a poco tratamos menos con los humanos al hacer una reclamación: basta con ver los asistentes virtuales (Anna de Ikea), las voces mecánicas que nos preguntan por un departamento cuando llamamos a un teléfono o aplicaciones como Siri.

Cerrajeros, limpiadores, asistentas:La domótica se ha fijado el objetivo de convertir nuestros hogares en espacios salidos de una historia de ciencia ficción. Prácticamente no hay gran compañía tecnológica que no esté trabajando en una aplicación o producto para automatizar nuestras casas, desde lectores que sustituyan a las cerraduras tradicionales, hasta robots aspiradores o incluso dispositivos que nos ahorren la tarea de cocinar. El electrodoméstico israelí Genie trata de imitar a las máquinas de Nespresso, permitiéndonos preparar en medio minuto platos completos y de calidad a partir de raciones congeladas.

Trabajo artesanal y de riesgo: Con el objetivo inocente de reducir la siniestralidad y evitar los errores de fábrica, la tecnología amenaza con volver innecesarios ciertos trabajos o, como mínimo, aligerar plantilla. Los diseñadores y estilistas pueden prescindir de intermediarios mediante impresoras 3D o máquinas como RoboChop, que toman un bloque de cualquier material y lo convierten rápidamente en un mueble en base al diseño que se haya cargado en su base de datos, con precisión absoluta.

Algunas compañías también están desarrollando máquinas especializadas en limpiar tuberías de fábricas y realizar otras labores de riesgo. E incluso los leñadores van a modernizarse con maquinaria como el Ponsse´s Ergo 8W que emula a un tractor, pero que permite serrar árboles con seguridad.

Librerías, prensa, kioskos y videoclubs: El desarrollo de los contenidos online y de las telecomunicaciones están amenazando numerosos negocios. Los locutorios prácticamente han desaparecido ya que diversas aplicaciones ofrecen los mismos servicios de forma gratuita o por muy bajo coste. Las empresas como Netflix que ofrecen contenidos en Streaming han vuelto obsoletos los videoclubs. La crisis de la prensa escrita y el desarrollo de los medios online han provocado una oleada de despidos en el sector. Los lectores de libros electrónicos roban negocio a las librerías. Y desde 2007 han desaparecido un tercio de los kioskos de España.

Ni las agencias de noticias se salvan del todo del desarrollo de las nuevas tecnologías. Associated Press está experimentando desde 2014 con un software que elabora teletipos sencillos sobre presentaciones de resultados o competiciones deportivas sin necesidad de intervención humana y 100% libre de errores.

Marketing online: En la era del marketing personalizado, los community managers y el SEO, lo importante ya no es saber elegir un medio de comunicación donde publicitarse, sino elegir las palabras clave apropiadas. De hecho, la plataforma publicitaria de Google, Google Analytics, cobra por cada anuncio en función de lo popular que sean las palabras que se utilizan en el anuncio. La agencia Persado ha llegado a la conclusión de que si el frío cálculo pesa más que la creatividad, no hay mejor publicista que una máquina y ha desarrollado un software que elabora anuncios basándose en palabras clave.

Cirujanos, médicos y anestesistas: Según algunos estudios, un médico necesitaría 160 horas semanales para ponerse al día con la literatura médica. Una máquina puede hacer lo mismo en unas pocas horas. Por eso, no es de extrañar que Watson, el superordenador de IBM, demuestre más precisión en los diagnósticos de cáncer linfático que los médicos (90% vs 50%) y que que ya haya robots trabajando en algunos quirófanos, supervisados por cirujanos. J&J cuenta con su propio robot anestesista, ya aprobado por las autoridades en EEUU. Y Google trabaja en bases de datos médicas. Estos avances no acabarán con los especialistas o los médicos de cabecera, pero sí con mucho personal auxiliar de clínicas y hospitales.

Abogacía: Algunas firmas legales de EEUU reconocen que están contratando menos personal, porque las labores puramente administrativas o de documentación ya pueden realizarse con programas informáticos. El software actual permite localizar palabras clave entre cientos de miles de páginas incluyendo correos, archivos y documentos escaneados.

Asesoría fiscal: Las empresas no van a prescindir de sus departamentos legales, pero las dudas más sencillas ya pueden resolverse a través de programas como TurboTax.

Fotografía: Las cámaras digitales han hecho innecesario pasar por una tienda a revelar o comprar carretes. Las labores de procesado las realiza automáticamente Photoshop o, a nivel de usuario, Instagram. Muchos fotógrafos ya se están convirtiendo en hombres orquesta, retocando sus propias fotos.

Educación: Los profesores no van a desaparecer, pero las escuelas de idiomas o de cursos a distancia quizá necesiten repensar su modelo de negocio. Los llamados MOOC (cursos gratuitos por internet) ofrecen educación especializada sobre cualquier materia imaginable impartida por profesionales. Algunos de ellos, como los de Google, incluso cuentan con títulos homologados. En el caso de los idiomas, existen numerosos programas e incluso redes sociales para practicar.

Otros oficios: Entre los negocios que pueden verse afectados por las nuevas tecnologías también figuran el servicio de correos, las labores administrativas más básicas (secretaría) o ciertos operarios de maquinaria (imprenta), por citar solo algunos negocios.

Sin embargo, la inteligencia artificial no es perfecta y es incapaz de razonar, improvisar o sustituir por completo al ser humano. La nueva tecnología acabará creando nuevas profesiones o liberará a los trabajadores de labores mecánicas y poco eficientes para centrarse en nuevas especialidades. El gran riesgo a corto plazo no es tanto que las personas sean incapaces de adaptarse al cambio tecnológico, sino que las empresas lo usen como excusa para recortar plantilla.

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