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El enigma de Trump: ¿una guerra comercial… sin disparar con el dólar?

Descifrar a Donald Trump es un ejercicio divertido. Pero inútil. Su capacidad para sorprender rompe cualquier guión, tal como se está viendo con la denominada guerra comercial.
Pedro Calvo / Invertia
domingo 8 de julio de 2018  -  06:00

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece ir en serio con la denominada ‘guerra comercial’. O no, porque en su actuación hay aspectos que no encajan, como si en realidad no deseara una batalla abierta de verdad y simplemente estuviera ‘entreteniéndose’ con las escaramuzas actuales a la espera de conseguir su auténtico propósito. ¿Y cuál es? Las conjeturas se agolpan, pero sólo él lo sabe.

Lo cierto es que las amenazas cruzadas entre Estados Unidos, China y Europa, principalmente, inquietan. Pero conviene ponerlas en perspectiva. Como la que aporta el volumen mundial de exportaciones, que en 2016 -último año con datos oficiales disponibles- alcanzó los 14,6 billones de euros. Por ahora, las primeras medidas cruzadas este mismo viernes por EEUU y China no llegan a 100.000 millones de dólares.

Es decir, cifras aún impropias de una guerra… pero que no conviene desmerecer. Que hoy no asusten no significa que no lo hagan en el futuro en el caso de que los amagos actuales degeneren realmente una auténtica batalla comercial global. “El riesgo potencial de que esta situación termine escalando a un conflicto comercial o a una guerra comercial global no debería ser subestimado”, avisan desde Algebris Investments.

La agencia de calificación de riesgos Fitch incluso se ha atrevido esta semana a calcular el impacto de una guerra comercial real y avisa de que podría causar un impacto de hasta 2 billones de dólares -unos 1,7 billones de euros al cambio actual-. Es decir, un impacto ya considerable, superior al 10% de la actividad comercial, con capacidad para reducir el crecimiento económico mundial en un 0,5%.

Ahora bien, esta amenaza es precisamente la que puede desincentivar que la tensión vaya a más. "Hasta ahora ha habido más palabras que hechos. Ha habido mucho fogueo, con el margen que el crecimiento económico concede para hacerlo, pero no fuego real", matiza Juan Ramón Caridad, director del Máster de Finanzas e Inversiones Alternativas (FIA) en el Instituto BME. "Si la tensión va a mayores, todas las partes perderán, las empresas lo denunciarán o tomarán medidas, como ya ha anunciado Harley Davidson, y eso actuará de antídoto contra nuevas tentaciones", opina.

¿QUÉ HACE EL DÓLAR?

El riesgo, por tanto, existe. Pero también los enigmas. Lo más llamativo de toda esta ‘partida’ es que Trump la está jugando sin emplear un recurso habitual en el tablero comercial: la divisa. Porque ya no es que el presidente estadounidense no esté alentando un dólar más débil para presionar a sus ‘socios’ comerciales, ¡es que el dólar se está apreciando de una manera espectacular! Y con un añadido: a diferencia de lo visto en 2017 y en el arranque de 2018, sin que Trumpo u otro alto responsable de la Administración estadounidense se queje de su fortaleza.

La secuencia impresiona. Desde comienzos de febrero, se aprecia un 7% contra el euro; un 4% contra el yuan chino y el dólar canadiense; un 4,7% contra el yen japonés; un 20% contra el real brasileño; y un 13% contra el rublo ruso.

Este compormiento no es injustificado. La ralentización del crecimiento en la Eurozona, la aceleración de la subida de los tipos de interés en EEUU o el temblor en las divisas emergentes han proporcionado 'excusas' de sobra al dólar para apreciarse. Pero nada de eso anula la paradoja resultante: ¿cómo va a plantear una guerra comercial con su divisa apreciándose si precisamente esta apreciación se volvería en su contra en caso de que realmente estallara esa guerra comercial?

Si el dólar se fortaleciera, como ha hecho en los tres últimos meses, las ventajas obtenidas por Estados Unidos mediante la aplicación de aranceles podrían verse completamente anuladas”, apunta Juan Ignacio Crespo, analista financiero y asesor del fondo de inversión Multiciclos Global de Renta 4. Y añade: “Y EEUU tendría el peor de los mundos: aranceles propios anulados por el efecto de la apreciación del dólar y represalias de todos los demás mediante aranceles aplicados a las exportaciones de EEUU”.

Eso sí, hay un matiz: la partida se sigue jugando. Y la historia, porque no es la primera vez que un presidente de EEUU recurre a los aranceles, dice que tras maniobras como las actuales, si se acaban concretando, el dólar termina bajando. Como evoca Juan Ignacio Crespo, ocurrió con Richard Nixon a comienzos de los años 70; con Ronald Reagan a mediados de los 80; y con George W. Bush a comienzos del siglo XXI. Todos ellos establecieron aranceles o tarifas que desembocaron en devaluaciones o depreciaciones importantes del ‘billete verde’.

TODO ES POSIBLE

Por ahora, sin embargo, lo que hay es un dólar fortalecido. Y la extrañeza que provoca su apreciación nutre otras interpretaciones. Una de ellas es política. Establece que Trump está mostrando esta -aparente- dureza con sus socios comerciales para reforzar el discurso que le llevó a la Casa Blanca, basado en el eslogan ‘Hacer a América Grande Otra Vez’ (‘Make America Great Again’), para consolidar su posición de cara a las trascendentales elecciones legislativas de noviembre, que renovarán la totalidad del Congreso y un tercio del Senado. La segunda mitad del mandato de Trump dependerá en gran medida del resultado de esos comicios, con lo que el republicano se volcará en lograr el mejor resultado posible para tener de su lado las Cámaras y evitar que paralicen sus iniciativas.

Pero no es la única conjetura. Otra versión expone que, sobre todo, Trump quiere llamar la atención al mundo sobre la ascensión de China y cómo lo está haciendo, a partir de una divisa artificialmente baja que le ha dado tiempo para desarrollar una creciente industria, principalmente tecnológica, capaz de competir con el resto del mundo no sólo por precio, sino cada vez más por calidad, mediante una política que exige dar entrada a las compañías chinas en el capital de los proyectos que las empresas occidentales levantan en el gigante asiático. Es decir, ni siquiera le hace falta recurrir al clásico 'espionaje industrial'; lo hace en primera persona y en directo.

“Con estas prácticas, China se está convirtiendo en una potencia tecnológica ‘de gratis’ y Donald Trump lo quiere denunciar”, opina Juan Ignacio Crespo. Pero, claro, Trump lo hace a su forma. Y sus formas... son sus formas.

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