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La fiebre por la inversión sostenible llega a la renta fija en plena debacle de las bolsas

La inversión con criterios de sostenibilidad sigue ganando adeptos. Y las gestoras no están dispuestas a dejar pasar el tren. La fiebre por los activos ‘verdes’ llega también a la renta fija.
José M. Del Puerto / Invertia
sábado 8 de septiembre de 2018  -  06:00

Oportunidad o casualidad. Los hados del destino o los departamentos de producto de las gestoras nacionales y extranjeras más hábiles han hecho coincidir los últimos episodios de volatilidad y retroceso de las bolsas mundiales con el lanzamiento de un arsenal de productos de inversión en renta fija guiados por criterios de sostenibilidad. La búsqueda de refugio inversor y una mayor conciencia ética a la hora de repartir carteras auguran una larga primavera para este negocio.

La gestora de Banco Santander, tercera por volumen de patrimonio en España, ha sido una de las que se ha apuntado a esta tendencia. Este año ha lanzado el Santander Sostenible 1 y el Santander Sostenible 2. Ambos invierten en deuda, pero es el activo preferencial del primero de ellos. En él entraron solo en julio 57,36 millones de euros en suscripciones netas, un 33% de los que captó toda la categoría de renta fija mixta internacional en el mes, según datos de la patronal Inverco.

También ha lanzado dos vehículos muy similares en los últimos meses Gescooperativo, la gestora del grupo Caja Rural. El abanderado de la inversión en deuda de compañías con criterios certificados de sostenibilidad es Rural Gestión Sostenible I. Tressis, la firma donde Daniel Lacalle trabaja como economista jefe, también ha hecho lo propio con el Cartera Sostenible ISR, un dondo de fondos con posiciones por hasta el 100% de su cartera en renta fija y un máximo del 50% en bolsa.

Esta proliferación de vehículos no es de extrañar si se tiene en cuenta que sólo en los denominados bonos verdes se espera para este año un récord de emisión por 250.000 millones de dólares en todo el mundo, un 60% más que que en 2017, cuando ya se alcanzó récord histórico, según los registros y previsiones que maneja Bloomberg. Y a esta partida habría que sumar todas las emisiones que sin ser específicamente ecológicas si cumplen con otros criterios de desarrollo sostenible y social.

EL EMPUJÓN DE LA ONU Y LOS EMERGENTES

El responsable de desarrollo sostenible de Pimco, Gavin Power, señala que se requerirán entre tres y cinco billones de dólares al año en financiación para conseguir los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de la Organización de Naciones Unidas (ONU) para el año 2030. Una estimación que apunta a que el negocio de la inversión en deuda sostenible no ha hecho más que empezar a crecer. Y lo afirma un alto cargo de la mayor gestora global de renta fija, a donde llegó directamente tras abandonar su cargo en de subdirector del Pacto Mundial de Naciones Unidas.

La gestora holandesa Robeco, reconocida por ser una de las firmas más imaginativas en la creación de nuevos productos de inversión temática a escala global, es una de las que se ha volcado de lleno con la integración de criterios ambientales sociales y de gobernanza en la selección de activos para sus carteras de renta fija. La encargada de esta tarea en la casa, Masja Zandbergen, apunta que además los ahora tan temidos emergentes son un filón para esta industria.

En un reciente informe publicado entre los temblores de Argentina y los estornudos de Turquía, afirma que “la inversión sostenible se encuentra muy consolidada en Occidente, pero hay quien duda de su viabilidad en mercados emergentes, ya que estos deben lidiar con cuestiones más trascendentes”. A estos incrédulos les responde con cifras: “Adoptar factores de sostenibilidad en mercados desarrollados ejerce un efecto positivo sobre los resultados financieros en el 38% de los casos, mientras que en emergentes se alcanza en un 65% de las veces”.

Un par de factores más hacen que este inicio de curso sea decisivo para el crecimiento de esta nueva modalidad de inversión tanto a escala nacional como global. En primer lugar la progresiva subida de tipos de la Reserva Federal de EEUU (Fed) que tira hacia arriba de las rentabilidades de los papeles de deuda. Segundo, que se espera que antes de que termine septiembre el Pacto Mundial de las Naciones Unidas publique una guía para los bonos ODS que facilitaría la emisión de esta clase de papeles al recoger de forma explícita todas las directrices que deben seguir las empresas, los inversores, los gobiernos y la administración pública en general para que sus emisiones tengan esta consideración.

EL FACTOR 'VUELTA AL COLE'

Con el principio del curso suele tocar también revisar cartera de inversión y decidir dónde poner y de dónde quitar. No parece extraño que, dado este contexto, haya surgido un ranking que valora los fondos de pensiones por su sostenibilidad, pues estos vehículos suelen estar preferentemente enfocados a la inversión en renta fija y activos de poco riesgo. La responsable de esta iniciativa es la organización británica Share Action, muy activa en la difusión de criterios de sostenibilidad en la inversión.

Power subraya que la inversión sostenible (que puede responder a las siglas IS, ISR, ESG y ASG, entre otras y según la nomenclatura que prefiera cada gestora) ha evolucionado desde una selección basada en “criterios negativos” y un “posible sacrificio de rentabilidades” hacia un esquema de “entendimiento” donde se valoran puntos más allá de las normas.

Una descripción que casa a la perfección con el hecho de que varias gestoras globales estén lanzando -o ampliando- en los últimos meses sus departamentos de análisis para contar con una sección específica que evalúe los criterios de sostenibilidad en toda clase de activos. Amundi, Mirova y BlackRock son solo algunos ejemplos de esta tendencia.

Esta última lanzó el pasado abril junto con JP Morgan índices de referencia para este pujante segmento: los JESG EMD. A principios de este mes de septiembre, con los emergentes presionando los mercados globales, la propia BlackRock ha lanzado nada menos que cuatro nuevos fondos especializados en deuda emitida en estas economías bajo criterios de sostenibilidad.

Como un informe de esta misma casa señalaba hace poco, en la inversión sostenible “hemos ido del ‘por qué’ al ‘y por qué no’” en tan poco tiempo que la magnitud del vuelco de carteras para el que parecen prepararse las gestoras es todavía difícil de calcular.

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