Economía | Especial Lehman (V)

Regreso al pasado: ¿se hubiera evitado la ‘Gran Recesión’ sin la quiebra de Lehman Brothers?

No hay duda. La quiebra de Lehman fue el evento que partió la crisis en dos y agravó sus consecuencias. Pero precisamente por su trascendencia, hay una pregunta que resulta obligada: ¿cómo hubiera sido la crisis sin Lehman?
Pedro Calvo / Invertia
jueves 13 de septiembre de 2018  -  06:00

Todo cambió en la noche del 14 al 15 de septiembre de 2008. Lehman Brothers, el cuarto mayor banco de inversión de EEUU, se acogía al capítulo 11 de la Ley de Bancarrota norteamericana. Hasta entonces, la crisis, que ya estaba en marcha, había demostrado que iba en serio, pero parecía manejable. Desde entonces, el mundo económico y financiero colapsó, con unas autoridades impotentes de contener el impacto.

Pero, ¿realmente todo cambió ese día, con ese evento? ¿De verdad fue Lehman el que provocó todo ‘eso’? Y, sobre todo, ¿acaso no hubiera habido crisis, o al menos una tan severa, sin Lehman?

“La crisis era inevitable. Si no hubiera sido Lehman hubiera sido otro”, considera el economista Javier Santacruz. Y los hechos corroboran su impresión.

Porque antes de Lehman la Reserva Federal (Fed), el banco central de EEUU, ya retorció sus normas para poder prestar dinero a Bear Stearns y oficiar su matrimonio de conveniencia con JPMorgan en marzo de 2008. Durante el primer fin de semana de septiembre, una semana antes del hundimiento de Lehman, el Tesoro estadounidense, capitaneado por Henry Paulson, antiguo capo de Goldman Sachs, tuvo que rescatar a las gigantes hipotecaria Fannie Mae y Freddie Mac. Y el mismo fin de semana que Lehman pasó a la historia, sólo una oferta de última hora por parte de Bank of America evitó el mismo destino fatal a otra firma legendaria, Merrill Lynch.

Es más, la secuencia no se paró en Lehman. Apenas unas horas después de su caída, Paulson y el presidente de la Fed, Ben Bernanke, ya estaban trabajando contrarreloj para evitar la caída de una pieza todavía más potente que Lehman en el engranaje financiero internacional, la aseguradora AIG.

El macabro juego de ‘¿Quién es el siguiente?’ seguía en marcha, amenazando con un imponer el caos financiero en el mundo. Ante semejante panorama, Paulson, que como argumento para no rescatar a Lehman expuso que no estaba dispuesto a gastar un solo dólar más de los contribuyentes para ayudar a ninguna firma de Wall Street, reaccionó y lanzó un fondo de rescate, con 700.000 millones de dólares de munición, para reforzar los maltrechos balances de los bancos norteamericanos y actuar como cortafuegos de la crisis financiera.

Sin Lehman, Paulson no hubiera reaccionado así; si tras salvar con muchas dudas legales a Bear Stearns, se hubiera asistido a Lehman, difícilmente hubieran llegado el dinero y las ganas para rescatar a otros que terminaron cayendo, de manera ordenada eso sí, como Wachovia o Washington Mutual; sin Lehman, tal vez no se hubiera sufrido un accidente tan desordenado ni los acontecimientos se hubieran precipitado tan rápido. Pero la deuda estaba allí; y las inversiones inmobiliarias; y los billones de dólares de titulizaciones respaldadas por hipotecas que ya no se estaban pagando. Es decir, la maquinaria de la crisis estaba totalmente engranada. Lehman, simplemente, lo aceleró.

“Sin Lehman, la situación hubiera sido menos caótica, no se hubieran vivido las tremendas semanas posteriores, pero todo hubiera sido muy parecido”, considera Juan Ignacio Crespo, analista financiero y asesor del fondo de inversión Multiciclos Global de Renta 4.

Apoya su opinión en tres cuestiones fundamentales: la primera, que “el proceso de la crisis ya estaba en marcha desde la primavera de 2017”, con lo que no es que Lehman la iniciara; la segunda, que “para septiembre de 2008, EEUU ya llevaba nueve meses en recesión”, porque su contracción económica comenzó en diciembre de 2007; y la tercera, que “los demás bancos, los estadounidenses y los europeos, también estaban atiborrados de activos tóxicos”, y difícilmente se hubiera podido rescatar a todos uno a uno. “Salvar a Lehman hubiera dilatado el proceso y se hubiera evitado el peor momento de la crisis, pero el resultado sería similar”, concluye.

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