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Setas alucinógenas, marihuana, derechos de autor… lo más curioso que ha cotizado alguna vez

En los mercados puede cotizar de todo. De hecho, es que es así, en ellos cotiza de todo.
Invertia
sábado 13 de octubre de 2018  -  06:00

Cuando a principios del siglo XVII la economía holandesa se desplomó tras la burbuja que había multiplicado por cien el valor de los tulipanes en tan solo cuatro años, costaba creerse que unas flores hubieran sido las culpables de la primera crisis económica de la historia moderna. Pero el caso de los bulbos de tulipán nos recuerda que tras los valores que cotizan en la bolsa, y en otros segmentos de los mercados financieros, puede haber cualquier tipo de producto o de servicio.

DROGAS

Hace unos días se anunciaba que las setas alucinógenas comenzarían a cotizar en bolsa con la compañía alemana Atai Life Sciences. Esta empresa realiza investigaciones médicas sobre enfermedades mentales como la depresión en las que emplean la psilocibina, un alcaloide presente en los hongos alucinógenos. Atai Life Sciences acaba de conseguir 25 millones de euros en una ampliación de capital y planea salir a bolsa el próximo año.

Pero las setas no son la primera droga que entra en el mercado de valores. La marihuana hace tiempo que cotiza en bolsa y su legalización en algunos países o estados impacta de manera significativa en el valor de las empresas que trabajan con ella. Como sucedió en California cuando este año se legalizó el uso recreativo de la marihuana disparando la cotización de las compañías relacionadas con el negocio del cannabis, que consiguieron rentabilidades de hasta el 100% en los primeros días de 2018.  

LA METEREOLOGÍA EN BOLSA

Las lluvias o las temperaturas también cotizan en bolsa. El mercado de derivados climáticos se inauguró en 1997 con el propósito de crear un mecanismo que permitiese transferir los riesgos de pérdidas económicas de las empresas cuya actividad depende del clima. Funcionan a modo de seguro cuando se dan situaciones inesperadas como inviernos con temperaturas más cálidas o veranos más fríos.

LOS ARTISTAS TAMBIÉN SE COTIZAN

David Bowie fue un pionero en el mundo de la música y del arte, pero también en el mundo bursátil.  El cantante fue el primero en titulizar sus derechos de autor y su nombre todavía define ese tipo de producto, conocidos también como ‘celebrity bond’.  Son bonos respaldados por los derechos de propiedad intelectual de un artista. De esta forma los inversores participan en los futuros beneficios derivados de los royalties que se cobrarán.

Similar es lo que ocurrió este verano con Merck Mercuriadis, el antiguo manager de Elton John o Guns N' Roses. Mercuriadis vio la oportunidad de obtener beneficios comprando los derechos de las canciones que más éxito han tenido en los últimos años para ganar dinero con las reproducciones de los temas.

Pero para poder llevar a cabo el plan necesitaba unos 225 millones de euros con los que hacerse con los derechos de canciones de artistas como Rihanna, Beyoncé o Justin Bieber. Consiguió esa suma gracias al banco de inversión español Alantra, que sacó a cotizar a la bolsa londinense los derechos de los temas.

BONO SOCIAL

Los gobiernos tienen que hacer frente a problemas sociales como la pobreza, la delincuencia o el desempleo. Las soluciones suelen ser costosas y las arcas estatales no pueden cubrirlo todo. Por ello, en Reino Unido se les ocurrió contar con los grandes dueños de capital para lidiar con el dilema. En 2010 crearon los Bono de Impacto Social para hacer frente al problema de la reincidencia carcelaria juvenil. El objetivo del bono era lograr que 2.000 prisioneros que cumplían una condena de menos de un año no volvieran a caer en el delito tras su liberación.

Funcionan como cualquier otro tipo de bono. Sin embargo, la tasa de retorno que ofrece está ligada a un objetivo social o medioambiental. En este caso, el gobierno británico pagaría los bonos si se alcanzaba una reducción de al menos 7,5% en la tasa de reincidencia.

En este tipo de bonos, el inversor y la administración eligen a un “proveedor de servicio” (normalmente una ONG) cuya función será llevar a cabo las medidas que garanticen que se cumpla el objetivo social. En el caso de Reino Unido los resultados fueron un éxito y la reincidencia se redujo un 8,39%.

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