VIAJES

Cinco destinos exóticos para soñar con las vacaciones

Ya está aquí el verano un año más

Y, con él, las ganas de viajar a lugares remotos, hermosos y cautivadores

Grupo Zeta

Damien VERRIER / ISTOCK

Damien VERRIER / ISTOCK

MARTINICA

La isla que logró deslumbrar a Paul Gauguin es un secreto que guarda paisajes majestuosos. Tan sólo cuatro meses (entre junio y octubre de 1887) le valieron al pintor para enamorarse de este remoto lugar perdido en aguas caribeñas. Un territorio con estatus de departamento de ultramar francés ubicado entre Dominica y Santa Lucía, más o menos en el centro del arco de islas que hay entre Puerto Rico y Venezuela. 

Conocida como la isla de las flores, aquí todo es calidez, ritmo, magia y color. Playas con todas las tonalidades del mundo, sierras rocosas, ensenadas al estilo de los fiordos y hasta un volcán activo el Monte Pelée. También ciudades palpitantes que exhiben una combinación única del savoir-faire francés y la alegría de vivir criolla. Y una gastronomía exquisita que la convierten en la capital culinaria del Caribe. ¿Qué más se necesita?

SANTO TOMÉ Y PRÍNCIPE

Puede que su nombre no suene mucho, pero estas islas africanas ignoradas por el turismo masivo esconden un auténtico paraíso. Santo Tomé y Príncipe es un archipiélago africano hermoso, virgen y genuino, emplazado en el Golfo de Guinea, muy cerca de la costa de Gabón. Un lugar que, por su posición geográfica, se encuentra en el mismo centro del planeta: en la línea imaginaria del Ecuador y a muy corta distancia del meridiano de Greenwich.

¿Y qué encontramos en este lugar? Pues básicamente un verdor exagerado, un territorio tapizado por esos bosques tropicales que se extienden hasta morder el mar. También playas, claro, salvajes y solitarias, a menudo bordeadas de baobabs, manglares o cocoteros. Playas que no conocen los estragos del hombre y que por ello se mantienen vírgenes, con su arena de textura harinosa y sus fondos cuajados de peces y corales. Y macacos, tortugas, aves exóticas y coloridas. Pero lo mejor es sus gentes sencillas y hospitalarias, que conservan un modo de vida ancestral.

CURAZAO

Nada puede haber más exótico que esta isla del Caribe Sur tan desconocida como sugerente y, para más inri, con nombre de licor. Una isla que esconde viejas historias que tienen mucho que ver con su origen holandés, puesto que formó parte de las Antillas Neerlandesas hasta el año 2010 y hoy por hoy es un territorio autónomo del gélido Reino de los Países Bajos

Curazao es un delicioso rincón que si de algo presume por encima de todo es de su autenticidad. Más allá de su horizonte escarpado, de sus playas íntimas y nacaradas y de su deslumbrante universo submarino, esta pintoresca isla encierra también poblaciones alegres que han tejido su cultura con el patrimonio europeo y las raíces africanas. En sus típicas casas de arquitectura colonial europea brillan los colores del trópico (el naranja del mango, el amarillo de la papaya, el rosa de la guayaba…) y en su día a día se aprecia una alegría única.

LAS WHITSUNDAY

Las encontramos en Australia, camino de la Gran Barrera de Coral, a pocas millas del litoral que se extiende por el este del continente rojo. Aquí, en este punto indefinido de las antípodas, se despliega un conjunto de islitas consideradas como el Tahití australiano. Son las Whitsunday, a las que se descubre navegando a bordo de un apacible velero o de una frenética lancha motora.

Aquí el espectáculo visual no tiene desperdicio: frondosos picos montañosos que antaño fueron cimas de cordilleras continentales y en los que descubrir como aperitivo un arrecife aledaño: los fondos, bien con gafas y tubo o con equipo completo de submarinismo o sobre el suelo acristalado de la embarcación, son realmente espectaculares. En la travesía aparecerá de pronto Whitehaven Beach, vendida en los catálogos como "una de las mejores playas del mundo". Tiene el agua más esmeralda que se puede imaginar a lo largo de un arenal impoluto de algo más de seis kilómetros.

BORA BORA

Hay que acercarse hasta la Polinesia para dar con el colmo del relax y la belleza. Y es que aquí, en esta isla que es un volcán extinto en medio de una laguna que parece la paleta de un pintor, el placer sólo puede campar a sus anchas. Hablar de playas de arena fina, aguas turquesas y naturaleza virgen es quedarse corto. También de los los hibiscos que crecen en las colinas o de los jardines de coral o de los cocoteros que bordean las aguas como un collar. 

Bora Bora es para muchos el lugar más romántico del mundo, uno de los lugares a los que hay que ir antes de morir. Por eso muchos lo eligen como luna de miel. Y otros tantos simplemente sueñan con conocerlo alguna vez. 

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