Sociedad

Cuando el estrés se convierte en estímulo de enfermedad

La tensión física o emocional puede estar detrás de insuficiencias cardíacas

También de hipertensión, diabetes y obesidad

Grupo Zeta

Cuando el estrés se convierte en estímulo de enfermedad

Tiritar es un esfuerzo natural, una respuesta del organismo para entrar en calor ante el frío. Frío, calor o interferencias repentinas como un ruido excesivo son situaciones estresantes que el cuerpo puede recibir como amenazas de agresión a las que reacciona, con el consiguiente aumento de gasto de energía o recursos. El catedrático de Psicología y presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), Antonio Cano, introduce así el concepto de estrés en su esfera de normalidad.

"El estrés forma parte de la vida. Activa nuestras defensas. Como las emociones, todos nos enfadamos y estamos tristes, el corazón se acelera, nos tensamos... Pero cuando algo es muy presente en nuestra vida, se convierte en trastorno". Y según explica Cano, "el estrés puede abrir la puerta a la ansiedad, la depresión y a anomalías de salud física. El malestar puede somatizarse en problemas digestivos, dermatológicos… que empeoran cuando se tiene más carga de trabajo. Cuanto más sometidos estemos a estrés, más riesgo de contracturas musculares o dolor, problemas cardiovasculares como hipertensión arterial o arritmias, incluso cuando el sistema cardiovascular no tiene ningún problema, pues tiene que ver también con los pensamientos de la persona", afirma.

"Una pareja agobiada por no conseguir un embarazo, cuanta más obsesión por lograrlo ponga, más estrés y menos fecundidad. Cuantas veces se activa una adopción como alternativa y llega el embarazo", recuerda Cano. De igual modo, el estrés afecta al sistema inmune. "Si no paras de trabajar y no descansas, el cuerpo juega con los recursos que tiene y descuida las defensas", apunta. "Estudiamos Psicología y Medicina en diferentes facultades, pero la salud mental y física están íntimamente relacionadas, son un todo en la persona. Es fácil que problemas emocionales y físicos se relacionen", añade.

 "En la primera respuesta fisiológica, positiva y natural al estrés, lo que el cerebro interpreta como algo amenazante puede resultar un estímulo fisiológico", indica el psiquiatra del Hospital Parc Taulí de Sabadell, profesor de la UAB, endocrinólogo e investigador, Javier Labad. "Ante un cuadro de estrés agudo, el cuerpo produce automáticamente dos grandes respuestas: libera adrenalina, una hormona que se almacena en la glándula suprarrenal, en la parte de la médula vinculada al sistema simpático. Y pasados unos minutos, el cuerpo segrega otra hormona, el cortisol".

Se conoce como carga alostática el esfuerzo que realiza el cuerpo para adaptarse, para responder a la situación que lo presiona. "El problema es cuando esta respuesta es muy repetida y se entra en situación de estrés crónico. La respuesta orgánica se desregula, los ritmos de secreción de cortisol –más alto por la mañana en un estado normal- tienden a perderse, incrementando la vulnerabilidad para desarrollar enfermedades", dice Labad.

Síntomas de estrés

Irritabilidad, ansiedad, insomnio, dolor de cabeza, estómago o muscular, contracturas y fatiga física pueden ser síntomas de un cuadro de estrés. El organismo puede empezar a sufrirlo antes de nacer, en la infancia si se sufre maltrato, en los procesos migratorios, separaciones, la muerte de alguien próximo, sobredosis de trabajo (burnout), y también en las ciudades se registra mayor nivel de estrés.

La psicóloga Nathalie P. Lizeretti, considera el estrés como "la epidemia de las sociedades modernas, el cáncer de nuestra sociedad. Esa rabia por no llegar a cumplir con las exigencias externas e internas, miedos o tristeza, que son las emociones vinculadas al estrés, también son facilitadas por determinadas características personales". En cualquier caso, apunta, "el estrés sostenido no deja nada bueno ni en la mente ni en el cuerpo, y una buena gestión emocional ayuda a tratar pero sobre todo a prevenir el estrés, pues el autoconocimiento es necesario para conocer las propias limitaciones y aceptarlas".

El manejo del estrés

Asentar bien los tres pilares de una vida saludable: dormir bien; alimentarse adecuadamente y realizar ejercicio físico ayuda a prevenir el estrés que puede ser estímulo de enfermedades. "El estrés tanto puede causar pérdida de apetito (anorexia) como aumento de este (hiperfagia). El estrés crónico, habitualmente cursa con hiperfagia, con apetencia de alimentos altamente palatables como azúcares refinados, por tanto, puede fácilmente derivar en aumento de peso y obesidad", indica Javier Labad.

"Las consultas más frecuentes en Primaria son de trastornos de adaptación a situaciones estresantes, trastornos adaptativos, que se manifiestan con síntomas de ansiedad o depresión secundarios a una situación estresante". Algo que va a más. Ante la sospecha de pérdida de control por estrés, "cuanto antes busquemos ayuda y pongamos en práctica estrategias de gestión de estrés mejor será el pronóstico", concluye la psicóloga Nathalie P. Lizeretti.

Estrés prenatal y en la infancia

Estudios con madres que vivieron en sus embarazos los bombardeos de las guerras mundiales mostraron que el sistema de estrés en ellas genera más riesgo de psicopatología en sus hijos. "Hay un enzima en la placenta que trata de inhibir el cortisol de la madre para que no llegue al feto, pero en situaciones de estrés muy elevado, desnutrición proteica, o toma de medicación corticoidea por parte de las madres, este sistema de defensa ante el estrés es menos eficiente, lo que puede afectar al cerebro del feto", explica el psiquiatra, endocrinólogo e investigador Javier Labad. "También se ha visto que personas con bajo peso al nacer muestran una disregulación hormonal con niveles elevados de cortisol en la etapa adulta", precisa. "Otra cosa es que al nacer, el vínculo con la madre juega su papel. Si es un vínculo seguro, será un factor protector", añade. Igualmente, abusos en la infancia, maltrato físico, emocional, sexual,  negligencia afectiva (no recibir cariño), o situaciones de bulling–hoy acentuado en el ciberacoso- pueden desencadenar estados de alerta, estrés y ansiedad, así como el riesgo de padecer trastornos mentales severos como la depresión mayor o las psicosis.

La afectación sexual por estrés

"Habitualmente, estrés y dificultades sexuales van ligadísimos, y uno retroalimenta al otro", señala la psicóloga especialista en sexología Montse Iserte. "Ante el estrés, el cerebro genera determinadas substancias, se dispara el sistema nervioso periférico, el simpático, que acelera todos los órganos internos, aumenta la tensión física, la sudoración y las palpitaciones. Algunos hombres confunden estos síntomas con la excitación, pero es ansiedad. Y hay que reeducarla", precisa Iserte. El estrés se vincula a una de las más frecuentes patologías masculinas: la disfunción eréctil. "Estrés o cansancio pueden impedir una buena erección. Podría ser una ocasión puntual, pero el problema viene si en la siguiente ocasión la mente en lugar de relajarse y gozar de la pareja, empieza a generarse estrés y ansiedad, autoexigencia", dice. "Y obsesionarse queriendo tener el control de la eyaculación para que el otro quede satisfecho genera un grado de estrés elevadísimo. El factor estrés en ellos afloró más tras la revolución sexual femenina, cuando las mujeres empezaron a reclamar su orgasmo", añade.

Cómo hacer un ‘reset’ correcto

El especialista adecuado para tratar el estrés propiamente dicho es el psicólogo. "Pero la persona puede necesitar también la intervención del psiquiatra para la prescripción de medicación que le ayude en un primer momento a contener y paliar los síntomas mientras se hace un trabajo psicológico", explica la psicóloga Nathalie P. Lizeretti. Y, ¿Qué determina si es precisa o no la baja laboral? Según la psicóloga, "es conveniente cuando el foco de estrés es realmente el trabajo y la persona se siente incapaz de afrontarlo. O bien cuando el foco es otro pero la afectación de la persona es tanta que le impide llevar a cabo su trabajo de forma mínimamente aceptable". Sobre el tratamiento, Lizeretti indica que consiste "en desarrollar habilidades de gestión emocional que nos permitirán utilizar estrategias de afrontamiento al estrés". Detenerse a trabajarlo será como hacer un ‘reset’. "Descansando de la fuente de estrés y estableciendo orden y organización, marcando prioridades y jerarquía, tomar distancia y dar significado a qué nos pasa, además de relajación ayudarán a realizarlo bien".

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