GASTRONOMÍA

El timo del agua filtrada

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El timo del agua filtrada

El otro día, por enésima vez, me cobraron 2,50 € por una botella de agua del grifo. Filtrada, sí, pero del grifo. No seré yo quien le lleve la contraria a Greta Thunberg y su séquito. De hecho, celebro sobremanera que cada vez más restaurantes se sumen a la tendencia de cambiar el agua envasada por agua del grifo filtrada con el noble objetivo de proteger el medio ambiente. Lo que escuece como papel de lija en las ingles es la incómoda sensación de que, con la tontería, hay listillos ahí fuera que ya están haciendo caja con el asunto... Y tomándonos por gilipollas.

Para cubrir gastos

En países como Estados Unidos, es habitual que te regalen una jarra de agua del grifo rebosante de hielo cuando vas a un restaurante. En Barcelona sería inviable servirla directamente de las cañerías: antes me bebería la sangre caliente de una marmota, seguramente sabe mejor. Tenemos una ciudad de primera, pero nuestra agua del grifo parece el poso de una lata de cerveza reconvertida en cenicero. Entiendo, pues, que haya que filtrarla y que tan necesario proceso repercuta en la cuenta, pero la cifra debería ser simbólica y justa, para cubrir gastos, nunca para cubrirse de euros.

Afortunadamente, en Barcelona hay muchos restaurantes que no te cobran el agua filtrada. Otros te la dejan a un precio razonable. En ambos casos, vaya mi respeto por delante. El problema es que cada vez hay más locales que venden a los incautos botellas de agua filtrada a precio de Evian. Suelen ser los mismos que te cobran nueve por un cacho de pan con cuatro rodajas de aguacate. Los mismos que, en un futuro cercano, te añadirán un extra de siete euros por el aire que has respirado en el restaurante. Filtrado, faltaría más. 

 

 

El otro día, por enésima vez, me cobraron 2,50 € por una botella de agua del grifo. Filtrada, sí, pero del grifo. No seré yo quien le lleve la contraria a Greta Thunberg y su séquito. De hecho, celebro sobremanera que cada vez más restaurantes se sumen a la tendencia de cambiar el agua envasada por agua del grifo filtrada con el noble objetivo de proteger el medio ambiente. Lo que escuece como papel de lija en las ingles es la incómoda sensación de que, con la tontería, hay listillos ahí fuera que ya están haciendo caja con el asunto... Y tomándonos por gilipollas.

Para cubrir gastos

En países como Estados Unidos, es habitual que te regalen una jarra de agua del grifo rebosante de hielo cuando vas a un restaurante. En Barcelona sería inviable servirla directamente de las cañerías: antes me bebería la sangre caliente de una marmota, seguramente sabe mejor. Tenemos una ciudad de primera, pero nuestra agua del grifo parece el poso de una lata de cerveza reconvertida en cenicero. Entiendo, pues, que haya que filtrarla y que tan necesario proceso repercuta en la cuenta, pero la cifra debería ser simbólica y justa, para cubrir gastos, nunca para cubrirse de euros.

Afortunadamente, en Barcelona hay muchos restaurantes que no te cobran el agua filtrada. Otros te la dejan a un precio razonable. En ambos casos, vaya mi respeto por delante. El problema es que cada vez hay más locales que venden a los incautos botellas de agua filtrada a precio de Evian. Suelen ser los mismos que te cobran nueve por un cacho de pan con cuatro rodajas de aguacate. Los mismos que, en un futuro cercano, te añadirán un extra de siete euros por el aire que has respirado en el restaurante. Filtrado, faltaría más. 

 

 

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