Economía

El ciclo expansivo más largo en la historia de EEUU acabará con los tipos bajo el 3%

La Fed descarta subir los intereses en 2019 y como mucho se guarda un repunte para 2020

El balance quedará 'normalizado' en septiembre en torno a los 3,5 billones de dólares

Pedro Calvo

El presidente de EEUU. Donald Trump, y el de la Fed, Jerome Powell, en la Casa Blanca./Reuters

El presidente de EEUU. Donald Trump, y el de la Fed, Jerome Powell, en la Casa Blanca./Reuters

Era imposible. Desandar todo el histórico camino de medidas expansivas andado entre 2008 y 2014 resultaba demasiado presuntuoso. Y este miércoles, al término de la segunda reunión de política monetaria de 2019, la Reserva Federal (Fed), el banco central de EEUU, lo constató. Se esperaba que cambiara el ritmo, que confirmara que este año se lo tomará con mucha más calma tras descerrajar cuatro subidas de los tipos de interés en 2018... pero no se esperaba un cambio de ritmo como el que anunció. 

Porque la entidad presidida por Jerome Powell alteró por completo la hoja de ruta que traía sobre los tipos. Si en diciembre ya había recortado de tres a dos los incrementos del precio del dinero previstos para este año, este miércoles los rebajó a la nada. Ninguno. En su radar ya no se atisban aumentos este año. Y en todo caso aguarda uno en el horizonte, allá por 2020, pero ni uno más. Y como los intereses están en el 2,25-2,50%, pues como mucho llegarán al 2,50-2,75%

Pero hubo más. También salió al paso de los temores de que la entidad se estuviera pasando con la reducción de su balance, que desde el último trimestre de 2017 ha menguado en cerca de medio billón de dólares, hasta los 3,97 billones, y anticipó que dejará de aminorarlo a finales de septiembre. Por delante, por tanto, otros seis meses de 'dieta' que conducirán a un volumen que, como el propio Powell precisó, "se situará algo por encima de los 3,5 billones de dólares"

"Señalando que los tipos no se moverán en 2019 y que la reducción del balance terminará al cierre del tercer trimestre, la Fed ha ido más lejos de que los participantes del mercado esperaban", confirma Simon Harvey, analista de Monex Europe. Es la sensación imperante, en particular si se tiene en cuenta que se viene de un año en el que la Fed de Powell encareció el precio del dinero hasta en cuatro ocasiones, algo que no se veía desde 2006. Un giro notable y realizado en apenas tres meses, porque el último repunte de los tipos data de diciembre.

"Cuando expiraba el ciclo de 120 meses de crecimiento a comienzos de 2001, la Fed tenía los tipos en el 6%. Cuando expire el actual, no llegarán ni a la mitad"

Todo ello en un contexto de enfriamiento económico. Las nuevas previsiones de la Fed contemplan un crecimiento del 2,1% en 2019, inferior al 2,3% pronosticado en diciembre, y del 1,9% en 2020, también inferior al 2% anterior. 

UNA HERENCIA HISTÓRICA

Sobre este trasfondo, la Fed se asoma ahora a un escenario que sigue siendo histórico y que, sobre todo, perpetúa la alargada sombra de la crisis. Y lo hace en vísperas de un hito que no hará sino consagrar la formidable herencia dejada precisamente por la 'Gran Recesión'

En verano, EEUU rubricará el ciclo de crecimiento más largo de su historia. Dejará atrás los 120 meses de crecimiento ininterrumpido que vivió entre marzo de 1991 y el mismo mes de 2001. Nada hace pensar que no batirá esta plusmarca. Ahora bien, cuando finalizaba aquel ciclo, la Fed tenía los tipos en el 6% en enero de 2001 y en el 5% en marzo. Cuando expire el actual, no llegarán ni a la mitad. El contraste conmueve. 

Pero estos tiempos monetarios van más allá de los tipos, cuyo protagonismo ya es compartido con las hojas de balance de los bancos centrales, hinchadas como nunca a golpe de compras de activos en el mercado. Allá por 2001, la hoja de balance de la Fed se movía en torno al medio billón de dólares; a comienzos de agosto de 2007, justo antes de las primeras inyecciones de liquidez de urgencia por parte de la Fed, no llegaba al billón de dólares; ahora Powell avanza que bastante han hecho con llevarlo algo por encima de los 3,5 billones, equivalentes al 17,5% del Producto Interior Bruto (PIB) de EEUU, después de que en los años de lucha contra los efectos de la crisis creciera hasta los 4,5 billones. 

"La fase de 'normalización' no ha ido tan lejos como la de 'anormalización'. La 'nueva normalidad' va camino de ser más la segunda que la primera. Y eso es un problema"

Y así, el ciclo expansivo más largo en la historia de EEUU concluirá -cuando le toque- con un precio del dinero inferior al 3% y con un balance de la Fed que rondará los 3,5 billones. Nadie lo hubiera creído posible. Nadie hubiera imaginado un ciclo de 10 años de crecimiento en el que los tipos no hubieran podido aumentar más y en el que el balance hubiera sido tan voluminoso. Pero es que la crisis lo condicionó todo y la fase de 'normalización' no ha ido tan lejos como la de 'anormalización', hasta el punto de que la 'nueva normalidad' va camino de ser más la segunda que la primera. Y eso no es un juego de palabras, sino un problema

¿Por qué? Por varios motivos. El primero, porque certifica hasta qué punto la economía y los mercados se han enganchado a la medicina los bancos centrales. Sin ella, la sensación es que se tambalean con suma facilidad. 

Y el segundo, porque evidencia que a los bancos centrales cada vez les resulta más difícil salir del bucle de estímulos que lanzan durante los tiempos malos. Y que eso les resta capacidad de respuesta tradicional durante las crisis, con lo que deben recurrir a otras medidas extraordinarias para generar algún impacto. Pero como apenas pueden subir los tipos y ahora tampoco les da tiempo a reducir demasiado su balance, la impresión es que en el futuro, si las cosas se tuercen, tendrán que insistir en medidas cada vez más 'esotéricas' de eficacia dudosa. Es decir, que en todo este periplo las economías corren el riesgo de verse desprovistas de uno de sus mecanismos de defensa, el monetario, por sobredosis. Y en ese supuesto será otro frente, el fiscal, el que deberá pasar a la acción... siempre que se pueda. Esto es, siempre que ese país cuente con margen presupuestario y solvencia como para hacerlo. Si no, tocará purgar. Otra vez.

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