Economía

Philip Lane, el cerebro monetario del nuevo BCE de Christine Lagarde

El irlandés, economista jefe desde junio, será clave en un BCE más político

La francesa desembarca en la entidad con el aval de su amplia trayectoria política, pero sin experiencia en la banca central

Pedro Calvo

El economista jefe del BCE, Philip Lane, participa en un coloquio en Sintra./ Fuente: BCE

El economista jefe del BCE, Philip Lane, participa en un coloquio en Sintra./ Fuente: BCE

Más que una candidatura firme fue una maniobra para reivindicarse. Un movimiento para decir que ahí estaba él y que lo tuvieran muy en cuenta en el futuro reparto de altos cargos en el Banco Central Europeo (BCE). Especialmente de uno, el de economista jefe de la entidad. Por eso, cuando a comienzos de 2018 el nombre del irlandés Philip Lane figuró en la lista los aspirantes a la vicepresidencia de la institución, en realidad se trató más de un posicionamiento; en cuanto pudo, y dado que su contrincante, el español Luis de Guindos, era el gran favorito, se retiró. No era cuestión de quemarse baldíamente. Simplemente era un receso a la espera de su puesto y su momento. 

Y ambos llegaron en junio de este año, que era cuando caducaba el mandato del belga Peter Praet como economista jefe del BCE. No hubo dudas ni disputas en su sucesión. Lane era el único nombre posible, y parapetado en unas solventes credenciales académicas, con su condición de economista y experto en asuntos monetarios como principal cualidad, y tras su paso como gobernador del Banco de Irlanda, se convirtió en el nuevo economista principal del banco central del euro. 

En otro momento y en otro banco central, Lane incluso hubiera podido aspirar a más. Al puesto más alto incluso, como por ejemplo ha ocurrido en la Reserva Federal (Fed) estadounidense con perfiles como el de Ben Bernanke, un académico, experto como pocos en la 'Gran Depresión' y que ejerció un papel determinante para que EEUU dejara atrás la 'Gran Recesión' que trajo la crisis financiera desatada en 2007.

"Lagarde se convertirá en la primera presidenta del BCE. También, a diferencia de Duisenberg, Trichet y Draghi, en la primera sin experiencia previa directa en un banco central"

Pero en este momento y en este BCE el cargo más alto no es directamente proporcional a los conocimientos o la experiencia monetaria de la persona llamada a ocupar la presidencia. Ha quedado acreditado esta semana con al acuerdo francoalemán para que Christine Lagarde, hasta la fecha directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), releve al italiano Mario Draghi cuando su mandato de ocho años caduque el próximo 31 de octubre

“UNA POLÍTICA PARA HACER POLÍTICA”

A falta de las confirmaciones definitivas, Lagarde será la primera presidenta del BCE. También la primera sin experiencia previa directa en un banco central, puesto que sus tres predecesores, el holandés Wim Duisenberg, el francés Jean-Claude Trichet y el propio Draghí sí habían comandado sus respectivos bancos centrales nacionales antes de desembarcar en el despacho más importante del cuartel general del BCE en Fráncfort. 

Esa experiencia y una formación específica ya no suponen, por tanto, unos requisitos indispensables, y eso que el artículo 283.2 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea establece que “el presidente, el vicepresidente y los demás miembros del Comité Ejecutivo [del BCE] serán nombrados por el Consejo Europeo, por mayoría cualificada, de entre personas de reconocido prestigio y experiencia profesional en asuntos monetarios o bancarios”. 

"Un político al mando, con un currículum muy relevante, podría hacer un trabajo aún mejor que otro economista. El BCE tiene en sus filas todos los economistas competentes que necesita, ¿realmente necesita uno más?"

Este cambio de apreciación por parte de los líderes europeos es muy sintomático de hasta qué punto los bancos centrales, cuya independencia conquistada en los últimos 30 y 40 años figura aparentemente entre sus bienes más preciadosse mezclan ya con la política y con sus armas. Principalmente, la comunicación, tan efectiva o más que las propias decisiones monetarias, como Draghi ha demostrado desde 2011. Y ahí la figura de Lagarde se crece. Forjada en las negociaciones durante su época de abogada en Baker & McKenzie, curtida en los pasillos políticos en los distintos ministerios que capitaneó en Francia y relacionada en las alturas desde que tomó las riendas del FMI en 2011, su autoridad queda reforzada. 

La opinión entre los analistas es prácticamente unánime. “Una política para hacer política”, expone con suma claridad Paul Diggle, economista político de Abedeen Standard Investments, a propósito de la designación de Lagarde. Y añade: “Su nombramiento explica muy bien la situación en la que se encuentra Europa: están buscando a un hombre de Estado consumado para que haga un trabajo de política monetaria.  Eso no es necesariamente algo malo”. “Creemos que un político al mando, con un currículum muy relevante, podría hacer un trabajo aún mejor que otro economista. El BCE tiene en sus filas todos los economistas competentes que necesita, ¿realmente sería necesario uno más?”, defiende Mark Holman, CEO de Twnetyfour AM. “La gran capacidad de comunicación de Lagarde será sin duda útil para la orientación futura del BCE, que, gracias a su predecesor, se ha convertido en una herramienta de éxito en la formulación de políticas del BCE”, subraya Piya Sachdeva, economista de Schroders.

Ese toque político se asocia además con otro, el de reforzar la perspectiva fiscal de la gestión monetaria. “Lagarde debería aportar una perspectiva más fiscal a la política monetaria, lo que podría ser oportuno dado que el desafío al que enfrentará el BCE durante la próxima recesión no solo será cuánto le queda por usar en la caja de herramientas, sino también la eficacia de esas herramientas”, expone Andrew Bosomworth, gestor de PIMCO.

Es decir, coincidiendo también con lo que ya ha dicho como directora gerente del FMI, llegado el momento la francesa será partidaria de retomar las compras netas de activos en el mercado con el fin de abaratar los costes de financiación de los Estados y respaldar así que estos puedan acometer una política fiscal más expansiva. Entre 2015 y 2018, el BCE ya compró deuda pública y privada por valor de 2,6 billones de euros en el mercado bajo el Programa de Compras de Activos (APP, por sus siglas en inglés), una actividad que ha sido clave a la hora de engordar su balance hasta los 4,7 billones de euros, un volumen sin precedentes. 

"Este Comité, con Draghi, Constancio, Coeuré y Praet, ha sido capaz de crear consensos. Y este matiz es importante. Porque Lagarde, por su experiencia, puede ser buena forjándolos, pero lo difícil es crearlos"

Será, en cualquier caso, un juego peligroso que requerirá la precisión quirúrgica que ha seguido Draghi, al quite de las dudas legales sobre sus actuaciones al exponer que siempre ha actuado “dentro del mandato” del BCE. Porque lo fiscal y lo monetario no se pueden mezclar, pertenecen a jurisdicciones distintas, y el BCE no puede brincar a la fiscal, tal como consagra igualmente el TFUE en su artículo 123: “Queda prohibida la autorización de descubiertos y la concesión de otro tipo de créditos por parte del BCE o de los bancos centrales nacionales en favor de instituciones, órganos u organismos de la Unión, Gobiernos centrales, autoridades regionales o locales u otras autoridades públicas, organismos de Derecho público o empresas públicas de los Estados miembros; queda igualmente prohibida la adquisición directa a los mismos de instrumentos de deuda por el BCE o los bancos centrales nacionales”. Draghi lo ha tenido muy presente; con Lagarde ocurrirá lo mismo, aunque el italiano ya le ha mostrado los confines. 

Su experiencia también puede ser crucial para impulsar los proyectos que siguen pendientes para completar el euro. Como la Unión Bancaria. “Es probable que Lagarde utilice el poder del banco central para construir un sector bancario más robusto, lo que implica una mayor reducción de los préstamos improductivos en los balances de los bancos supervisados. Una medida que podría ayudar a fortalecer el sector bancario es la creación de una unión bancaria, tal y como propone el FMI”, valora Volker Schmidt, gestor senior de Ethenea. En este terreno, como en otros similares o como en las peticiones que desde el BCE siempre se hacen para reclamar reformas estructurales en los países, la 'cercanía' de Lagarde a la clase política puede ayudar a derribar barreras y reunir voluntades

¿Algún matiz? Por supuesto. "El Comité Ejecutivo que ha tenido el BCE, con Draghi, [Vítor] Constancio, [Benoit] Coeuré y Praet, es irrepetible", enfatiza Rubén Segura-Cayuela, economista jefe para Europa de Bank of America-Merrill Lynch. Y explica el motivo: "Ese Comité ha sido capaz de crear consensos. Y este matiz es importante. Porque Lagarde, por su experiencia, puede ser buena forjando consensos, pero lo difícil es crearlos para empujar al BCE hacer lo que Draghi y el Comité quieren. Esto supone un gran riesgo, porque el BCE puede pasar a ser más reactivo que proactivo, más parecido a los años de Trichet que a los de Draghi". 

LA EXCEPCIÓN DEL COMITÉ 

Vamos, que a partir de noviembre habrá un BCE más político que nunca, más encajado que nunca en el entramado institucional europeo, con Lagarde y Guindos, que saltó directamente del cargo de Ministro de Economía a Fráncfort, como número 1 y número 2. Y precisamente por eso el nombre de Lane, en otro momento tal vez secundario, tal vez confinado a las bambalinas de los técnicos, cobra una nueva dimensión. Se agiganta porque será el único miembro del Comité Ejecutivo con una formación y una experiencia ajustadas a las requeridas para ocupar un alto cargo en un banco central, a la espera de cómo se cubran las vacantes del futuro. O dicho de otro modo, será la voz con más autoridad técnica, una persona crucial si Lagarde quiere imponer su criterio, porque el modo y la forma en que el irlandés prepare y presente las reuniones de política monetaria y las estadísticas que las soportan resultarán determinantes. El sello de Lane, su respaldo, se antoja primordial para la futura presidenta. 

“Lagarde no es una economista formalmente capacitada, pero tiene una gran experiencia a sus espaldas. El economista jefe Philip Lane la apoyará hábilmente en los aspectos más técnicos del trabajo”, precisa Paul Diggle. "Lane tiene una oportunidad única para dirigir la posición del BCE e influir en la presidencia. No es un mal momento para ser economista jefe del BCE", asegura Segura-Cayuela. Ese papel lo desempeñará Lane, Philip Lane, el cerebro monetario del nuevo BCE. De la política ya se encargará Lagarde. 

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