Economía

El enredo político compromete las reformas económicas que España necesita para el futuro

La inercia positiva de la economía a corto plazo no puede ocultar los retos pendientes

Las pensiones, el envejecimiento, la productividad, la deuda pública o el reto tecnológico exigen visión de largo plazo

Pedro Calvo

El enredo político compromete las reformas económicas que España necesita para el futuro

Ya es oficial. El 'no' a los Presupuestos ha truncado las intenciones de Pedro Sánchez de prolongar la legislatura hasta 2020. "Llámenme clásico, pero sin Prespuestos no se puede gobernar", reconoció este viernes en la comparecencia en la que anunció la convocatoria de Elecciones Generales para el 28 de abril

Las urnas, una vez más, marcarán la vida política española en los próximos meses. Y también la económica, puesto que la fractura sin precedentes que presenta el escenario actual amenaza con añadir una prima de riesgo política a la situación económica y financiera de España. No tanto en el presente, porque la inercia permitirá que la economía aún crezca este año por encima de la europea, pero sí en el futuro, porque España está retrasando el tratamiento de asuntos cruciales para el futuro

Resulta cierto que en los últimos años la economía española se ha acostumbrado a esta incertidumbre. Quedó evidenciado en el año casi entero que España estuvo sin Gobierno entre finales de 2015 y octubre de 2016. La economía española creció entonces, un 3,4% en 2015 y un 3,5% en 2016, como también lo ha hecho en 2017 y 2018, un 3% y un 2,5%, respectivamente. Y ha sido capaz de bajar al paro del 21% de finales de 2015 al 14,5% actual. 

LA TENTACIÓN DEL CORTO PLAZO

Pero conviene tener cuidado. Buena parte de este crecimiento se ha debido a factores exógenos, sobre los que España no tiene control directo, como los bajos tipos de interés, el abaratamiento del petróleo o el tipo de cambio del euro. Es decir, los ya famosos 'vientos de cola'. 

"España mantiene una inercia económica positiva, pero genera el riesgo de caer en una peligrosa complacencia"

Además, y sobre todo, estos aliados favorecen el crecimiento de corto plazo y, en cierto modo, invitan a la complacencia y a renunciar a reformas de calado que pueden generar contestación social y restar votos. O lo que es lo mismo, una situación en la que la mejoría de corto plazo, en vez de ser aprovechada para encarar el futuro, desaconseja tratarlo. 

Un ejemplo palpable se ha visto con las pensiones. Primero el Gobierno de Mariano Rajoy y luego el de Pedro Sánchez han desterrado el Índice de Revalorización de las Pensiones (IRP) para volver a tomar como referencia el IPC o tasas próximas a él a la hora de revalorizarlas. Esta medida puede acallar el malestar social, pero no resuelve en ningún aspecto el problema de las pensiones y el agujero de la Seguridad Social, próximo a los 20.000 millones de euros al año, e incluso los agrava, tal como han alertado organismos como el Banco de España o la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF).  

EL FUTURO EMPIEZA YA 

Junto a las pensiones, un desafío que permanece en el aire de los acuerdos del Pacto de Toledo y del calendario político, España acumula retos de largo plazo que, a golpe de incertidumbre política y gobiernos interinos o débiles siguen tratarse. El envejecimiento de la población, la baja productividad, la insuficiencia investigadora o la revolución tecnológica comprometerán un futuro que va más allá del 28 de abril o de 2020 o 2022, y esta ausencia de agenda constituye un flanco débil para el potencial de crecimiento y la competitividad de la economía. 

"La clave reside en que el gobierno tenga una mayoría suficiente como para implementar reformas estructurales que permitan al país mejorar su capacidad de crecer"

Lo mismo ocurre con la sostenbilidad de las finanzas públicas. AIReF, de nuevo, ha advertido esta semana del riesgo que supone 'acostumbrarse' a que la deuda pública supere el 90% del Producto Interior Bruto (PIB). Sin una senda de control del déficit que permita reducir la montaña de deuda pública con la que cargan las Administraciones Públicas, España siempre quedará expuesta a una nueva dosis de incertidumbre en los mercados, sobre todo porque aún acumula una deuda exterior que, pese a haber caído en los últimos años, alcanza el 84,1% del PIB. 

Todo ello queda pendiente ahora de las elecciones. O mejor dicho, de los resultados que salgan de ellas. Como subraya Alvise Lennkh, analista de finanzas públicas de Scope Ratings, "un adelanto de las elecciones no es tan importante como el resultado de éstas, pues la clave reside en que el gobierno tenga una mayoría suficiente como para implementar reformas estructurales que permitan al país mejorar su capacidad de crecer, así como reducir la deuda pública". Y plantea dos escenarios. Uno más conveniente: "En este contexto, un gobierno estable, con el mandato público y de mayoría parlamentaria que le permita llevar a cabo estas reformas, sería positivo". Y otro menos: "Sin embargo, si el resultado electoral es otro gobierno débil o un gobierno que hasta revoque las reformas estructurales de los últimos años, sería negativo". "Lo que necesitamos ver es claridad en el programa político del gobierno y capacidad para implementarlo", remata.

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