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Ourense y Soria nunca habían tenido menos oficinas bancarias

Los tiempos mandan. Y en el caso de los bancos imponen ajustar su capacidad y apoyarse en el potencial que ofrecen las nuevas tecnologías. Es decir, en cerrar oficinas, una 'especie' cada vez más en extinción en España... y cuyo descenso aumenta el riesgo de la exclusión financiera.

Pedro Calvo

Ourense y Soria nunca habían tenido menos oficinas bancarias

Según la última remesa de datos del Banco de España (BdE), al cierre de 2017 la red de oficinas bancarias en España menguó hasta un total de 27.480, la cifra más reducida desde 1981. Desde el máximo alcanzado en el `boom¿ previo a la crisis, registrado en las 46.118 oficinas del tercer trimestre de 2008, la poda asciende ya al 40% de las sucursales. Es decir, en poco más de una década, 4 de cada 10 han pasado a la historia.

Eso, en lo que respecta a la imagen general. Porque la particular, provincia a provincia, evidencia que hay lugares en los que esta tendencia es aún más acusada. Sobresalen los casos de Ourense y Soria. Nunca, desde que el BdE comenzó a recabar datos de oficinas en 1974, habían tenido tan pocas. Al cierre de 2017, en Ourense se contaban 201 y en Soria, 108, el mismo número que a finales de 2016. En 2008, Ourense tenía una red de 376 oficinas, y en los años 90 superaba las 400 con claridad. En el caso de Soria, en 2008 había 150 sucursales, y en los años 90 alcanzaba las 175.

Punta de lanza

Aunque son las provincias con datos más extraordinarios, no dejan de ser la punta de lanza de una tendencia evidente¿ y creciente, puesto que el tijeretazo continuará en los próximos años. En otras 18 provincias la red actual de oficinas es la más reducida desde los años 70.

En Álava hay 208; en Ávila, 131; en Barcelona, 2.694; en Bizkaia, 692; en Burgos, 350; en Cáceres, 318; en Cantabria, 335; en Girona, 441; en Gipuzkoa, 467; en Huelva, 283; en Lleida, 349; en Lugo, 244; en Palencia, 136; en Pontevedra, 486; en Tarragona, 423; en Valladolid, 350; en Zamora, 183; y en Zaragoza, 647.

Un riesgo creciente

La tendencia, por tanto, está clara. En un momento en el que el negocio bancario de siempre ya no es tan nutritivo y en el que la rentabilidad sigue baja, las entidades necesitan aquilatar los costes. Y el cierre de oficinas es una válvula de escape para ello. ¿Desde el año 2008, el sistema bancario español viene experimentando una significativa reducción de capacidad que, entre otros factores de producción, se concreta en un ajuste en el número de oficinas de atención a sus clientes¿, exponía el BdE en su último Informe de Estabilidad Financiera.

Además, la banca digital y la banca móvil impulsan este proceso, puesto que permiten a los bancos prescindir de una red tan amplia de sucursales y trasladar sus servicios a los nuevos soportes y aplicaciones tecnológicas. Y, por supuesto, la profunda 'limpia' vivida en el sector en la última década, en la que un entorno de 60 bancos y cajas de ahorros ha desembocado en otro con 13 entidades, con el consiguiente efecto en la reducción de plantillas y de oficinas.

Ahora bien, la reducción de oficinas también trae consigo un riesgo: el de la exclusión financiera. Es decir, que ciertas provincias o segmentos de la sociedad queden fuera de los servicios financieros o tengan difícil acceder a ellos por la desaparición de los espacios físicos que se los ofrecían.

Este peligro es especialmente relevante en las zonas rurales y en los municipios de menor tamaño. ¿La pérdida de oficinas en los municipios más pequeños responde, al menos en parte, a la pérdida de habitantes que estas poblaciones vienen sufriendo fruto del proceso de descenso demográfico de las zonas rurales en España¿, expone el propio BdE para resaltar que el cierre de oficinas comenzó incluso antes de la crisis en determinados lugares y que responde también a cuestiones demográficas, y no sólo de negocio o tecnológicas.

Los datos, de nuevo del Banco de España, son elocuentes. Así, entre 2007 y 2016 el porcentaje de municipios sin oficinas bancarias ha pasado del 44% al 50%. Además, el porcentaje de población sin acceso a una oficina ha crecido del 2% al 2,5% en el mismo periodo, aunque los auténticos riesgos se observan en la segmentación de esa población. En los municipios de entre 500 y 1.000 habitantes, la proporción de población que no tiene oficinas ha crecido del 27% al 39%, mientras que en los que cuentan entre 100 y 500 vecinos ha aumentado del 70% al 75% y en los de menos de 100 habitantes se acerca del 100%, un nivel similar al de 2007.

 

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