Economía

«Los ciclos no mueren de viejos»... EEUU acaricia un récord histórico entre crecientes temores a una recesión

Nueves años y medio. Es el tiempo que lleva creciendo sin parar la mayor economía del mundo. Con sus cosas, porque por momentos esa expansión ha sido anémica, pero al fin y al cabo sin dejar de crecer. Y ya solo le separa medio año para empatar con el ciclo más longevo de siempre, aunque roza ese hito en medio de unas dudas crecientes.

Pedro Calvo

El presidente de EEUU. Donald Trump, y el de la Fed, Jerome Powell, en la Casa Blanca./Reuters

El presidente de EEUU. Donald Trump, y el de la Fed, Jerome Powell, en la Casa Blanca./Reuters

120 meses. Los que transcurrieron entre marzo de 1991 y el mismo mes de 2001. Diez años seguidos de crecimiento que dieron lugar al ciclo de crecimiento más largo en la historia de EEUU, según los datos que recopila la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER, por sus siglas en inglés). Aunque la vigencia de esta plusmarca podría acabar en breve. Si la mayor economía del mundo no se para en seco en la primera mitad de 2019, durante el próximo año derribará esa barrera de 120 meses.

Lo logrará en julio, porque en diciembre va a firmar ya 114 meses consecutivos expandiéndose. En junio del año que viene empatará con el récord de 1991-2001 y en julio lo superará¿ aunque con sus correspondientes matices. Porque este ciclo puede presumir de extensión, pero no de fortaleza. Tal como precisan desde Bank of America-Merrill Lynch, el crecimiento medio registrado entre 1991 y 2001 alcanzó el 3,6%, en tanto que el del actual ciclo se limita al 2,3%.

Además, el adelantamiento previsto para 2019 tendrá sus curiosidades. Y por dos motivos. El primero, porque a la recesión más larga desde la Gran Depresión, puesto que la economía norteamericana se contrajo durante 18 meses consecutivos entre diciembre de 2007 y junio de 2009, le seguirá un ciclo expansivo sin precedentes. Y el segundo, y principal en estos momentos, porque cuanto EEUU se acerca más a ese hito mayor es el temor a una inminente recesión.

EL FANTASMA DE LA CURVA INVERTIDA

Estos miedos se han visto azuzados en la última semana por el mayor aplanamiento de la curva de rentabilidad de la deuda pública estadounidense. Es decir, el rendimiento de los bonos a dos años cada vez está más cerca del que muestran los bonos a 10 años. El siguiente paso, que directamente la rentabilidad de los plazos cortos sea mayor que la de los plazos largos, se conoce como `curva invertida¿ y su aparición intimida porque ha predicho las siete últimas recesiones sufridas por la mayor economía del mundo.

¿La importancia que se la da a la curva invertida no es una exageración: desde hace más de 50 años, cada vez que algo así se ha producido, la economía de EEUU ha entrado en recesión¿, confirma Juan Ignacio Crespo, analista financiero y asesor asesor del fondo de inversión Multiciclos Global de Renta 4.

A la espera de que la curva se invierta de verdad, lo cierto es que sería una sorpresa que EEUU no derribara la plusmarca del periodo 1991-2001. Los pronósticos más tempranos sitúan la recesión a finales de 2019 y, sobre todo, en 2020. ¿Aunque la recesión no es inminente, debemos estar vigilantes¿, previenen desde Bank of America-Merril Lynch para recoger ese sentimiento dual que impera actualmente.

Las encuestas encajan con esta visión. La última realizada por Thomson Reuters recoge que la probabilidad de que EEUU entre en recesión en los próximos 12 meses continúa baja, apenas en el 15%, pero ha crecido del 30% al 35% si se amplía el plazo a dos años. Es decir, la posibilidad de que en 2020 caiga en las garras de la recesión entra dentro de lo esperable, una cábala que digustará al presidente estadounidense, Donald Trump, que ese año buscaría su reelección.

PRIMEROS SÍNTOMAS

Pero ni la curva invertida ni estas probabilidades llegan sin más. Tampoco lo hacen porque EEUU ya lleve mucho tiempo creciendo, porque, como subraya Beltrán de la Lastra, presidente y director de inversiones de Bestinver, ¿los ciclos no se mueren de viejos¿. Los analistas de Bank of America-Merril Lynch exponen la misma idea.

¿Los ciclos económicos no mueren de viejos¿, subrayan. Y precisan: ¿Más bien mueren de excesos que conducen a shocks económicos¿. Con el objeto de pulsar la salud de la economía norteamericana, también recomiendan seguir la evolución de ¿los cinco indicadores más relevantes: las peticiones iniciales de subsidio de desempleo, las ventas de coches, la producción industrial, el índice de actividad manufacturera de la Fed de Philadelphia (Philly Fed) y el agregado de horas trabajadas¿.

El aplanamiento de la curva y los temores recesivos responden a que varias estadísticas, principalmente vinculadas al sector inmobiliario, han transmitido síntomas evidentes de debilidad. En noviembre, por ejemplo, la confianza de los constructores estadounidenses cayó a mínimos desde 2016. Uno de esos indicadores especialmente relevantes por su carácter predictivo, el Philly Fed, descendió el mes pasado de 22,2 a 12,9 puntos, el dato más bajo en tres meses y, sobre todo, inferior a los 20 puntos previstos.

Otros factores, como la tensión comercial entre China y EEUU o el impacto de un Brexit desordenado y su impacto potencial en los mercados financieros globales, también se cuelan en la ecuación para nutrir los temores sobre la continuidad del ciclo vigente desde mediados de 2009.

Tras estos datos, el debate se instala entre quienes simplemente creen que concuerdan con una esperada ralentización del crecimiento dentro de un ciclo tan largo y entre quienes juzgan que se trata del inicio de una cuesta abajo hacia la recesión. Laurent Clavel, responsable de análisis macroeconómico y de estrategia de inversión de Axa Investment Managers, se cuenta entre los primeros. ¿Creemos que la economía estadounidense se ralentizará en los dos próximos años¿, opina, y para ello anticipa un crecimiento del 2,3% en 2019 y del 1,4% en 2020, pero sin ir más allá. ¿No anticipamos que vaya a producirse una contracción directa en ninguno de esos años¿, añade.

EL CAMBIO DE PASO DE LA FED

A estos ingredientes se suma el impacto de las subidas de tipos de interés realizadas por la Reserva Federal (Fed). Aunque no han pasado de ser moderadas, porque desde finales de 2015 apenas han subido del 0-0,25% al 2-2,25%, lo cierto es que se van acumulando y ya lleva ocho incrementos. Y que aún espera un noveno, el que acometerá en la reunión de los días 18 y 19 de diciembre.

Como este repunte se da por hecho, porque la entidad presidida por Jerome Powell lleva meses preparándolo y porque no hacerlo generaría la sensación de que la Fed se arruga ante las constantes críticas de Trump -en la foto, de espaldas, junto a Powell- para que deje de subir los tipos, la atención de esa cita residirá en lo que anticipa sobre el futuro. Y en dos vertientes. Por un lado, su hoja de ruta sobre las futuras subidas de los tipos, porque en septiembre preveía tres incrementos para 2019, pero el mercado descuenta que solo lo hará dos veces, una sensación alentada por Powell, que en sus últimas comparecencias ya ha sonado menos duro. Y por otro, sus nuevas previsiones. En septiembre, la institución pronosticaba un crecimiento del 2,5% para 2019, del 2% para 2020 y del 1,8% para 2021. El mercado seguirá con atención si la Fed rebaja estas expectativas.

 

Tic, tac, tic... La amenaza de la curva invertida cada vez es más real en EEUU

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