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La nueva economía se aleja del parqué: menos salidas a bolsa, más financiación alternativa

Las bolsas no son mercados para la nueva economía. Los debuts bursátiles van a menos según aumentan las alternativas de financiación, sube volatilidad y los nuevos inversores se distancian de las plataformas tradicionales.

José M. Del Puerto

La nueva economía se aleja del parqué: menos salidas a bolsa, más financiación alternativa

La propiedad intelectual se ha convertido en el principal activo de la nueva economía. Los datos, en su principal materia prima. Unas señas de identidad que son muy diferentes de aquellas a las que está habituada una gran parte de los inversores, gestores y analistas que siguen los `bluechips¿ de siempre de las bolsas de las economías más desarrolladas del mundo.

Esta brecha ha ido a más en los últimos meses a consecuencia de la disparada volatilidad de los mercados. Sin embargo, no es que las nuevas compañías no estén llamando a la ventanilla de los inversores para captar financiación que les permita crecer. En lugar de acudir a las bolsas, los datos muestran que están recurriendo a otras herramientas cuyos partícipes están más familiarizados con su modelo de negocio y aún en tiempos revueltos, están dispuestos a jugarse la cartera y no dejarse llevar por la avalancha vendedora.

En el año 1996, las empresas estadounidenses apenas lograban captar una media de 12,2 millones de dólares antes de saltar a la bolsa. Dos décadas después, consiguen hasta 97,9 millones de euros sin necesidad de llegar a los mercados regulados oficiales. Son datos de un reciente estudio de `Evolución del Acceso al Capital¿ de CFA Institute. La abundancia de financiación sin llegar al parqué hace que además el debut se haya ido retrasando progresivamente, desde los 12 años de vida media hasta los 20 que en la actualidad esperan las compañías para vestirse de largo si así lo deciden.

Esta mayor latencia en el salto hacia la bolsa es la que ha provocado que las tecnológicas que finalmente se lanzan gocen ya de un peso de capital más que abultado a la hora de su estreno. Así, a pesar de un menor número de operaciones, las tecnológicas y firmas de nueva economía que se estrenaron en los parqués globales hasta el tercer trimestre fueron responsables de un 6,6% de la financiación captada, según cifras manejadas por la consultora EY.

LA DEMOCRATIZACIÓN DEL CAPITAL RIESGO

El retraso en la salida a bolsa es a menudo tan prolongado que, a menudo, una compañía es absorbida por otra de mayor tamaño antes de que se produzca el antes más habitual toque de campana. Por si fuera poco, la proliferación de plataformas alternativas más formales como el Mercado Alternativo Bursátil (MAB) o más disgregadas como las herramientas colaborativas de `crowdfunding¿ y `crowdlending¿ han permitido la democratización de las técnicas del capital riesgo para un mayor número de carteras, que ponen en el mercado un mayor volumen de caudales disponibles a la inversión.

La volatilidad y el regreso a la búsqueda de valores refugio no han hecho más que sumar fuerza a la búsqueda de financiación fuera del parqué. En este sentido, el informe de CFA señala que el capital invertido por las compañías cotizadas en recompra de acciones propias para sostener su valoración y atraer inversores ha sido nada menos que 3,6 billones de dólares superior a lo que las nuevas cotizadas han captado en sus estrenos entre los años 1997 y 2015.

Los analistas apuntan a otro fenómeno que en los últimos años ha cobrado fuerza entre las que se han atrevido a debutar en bolsa en Europa. Con el objetivo de evitar fuertes huidas de inversores arrepentidos o empujados por episodios de fuerte corrección en bolsa, las colocaciones iniciales han estado restringidas a inversores institucionales. Ni una sola acción para inversores particulares. Una circunstancia que en España ha ganado fuerza desde que llegó a los tribunales el posible amaño de cuentas en Bankia previo a un estreno bursátil con un amplio tramo reservado a minoristas.

Ni con esas el mercado español se ha librado de la sequía mientras proliferan los despachos de asesoría de inversión en `startups¿ y especializadas en sectores como las `fintech¿ y las aplicaciones de `blockchain¿, así como las firmas especializadas en capital semilla, más conocidas como `business angels¿. Un ejemplo claro y reciente, para más inri vinculado a la economía más tradicional, ha sido el fiasco del frustrado reestreno bursátil de Cepsa.

El despacho Baker McKenzie ha contabilizado un dramático descenso del 75% en el valor de las salidas a bolsa española. Además, durante este 2018 que ya toca a su fin, el parqué nacional ha sido testigo de solo cinco puestas de largo y ni una sola transnacional. A escala mundial, la caída en número de operaciones es del 17%, mientras que los debuts de compañías domésticas -en la bolsa del país en el que la compañía está registrada- pegan un frenazo del 21%, según datos de la firma.

UNICORNIOS VS. BLUECHIPS

Los expertos de CFA apuntan hacia otra circunstancia que ha prevenido a muchas nuevas compañías de decantarse por la salida a bolsa: la concentración de inversores en las cotizadas de mayor peso. Una consecuencia más de la búsqueda de refugio. Sus datos muestran que en el Viejo Continente apenas un 2% de las acciones admitidas a negociación en las bolsas de la región representan más de la mitad del volumen total de negociación anual.

Con este escenario, no es de extrañar que las compañías de nueva economía no se determinen a llegar a la bolsa hasta que son holgadamente `unicornios¿, es decir, hasta que superan sobradamente la cota de los 1.000 millones de valoración. Un umbral que se mide usando como referencia las operaciones de financiación privada llevadas a cabo a través de algunas de las cada vez más abundantes herramientas que permiten encontrar inversores y captar sus ahorros sin necesidad de pasar por la bolsa.

El resultado no es otro que, a pesar del muy inferior número de operaciones, el volumen de capital levantado iguala e incluso alcanza el de ejercicios precedentes. Menos debuts, pero más gruesos y a menudo forzados por los propios inversores privados que demandan la llegada a un mercado más líquido y con mayores obligaciones de transparencia para las empresas en las que llevan años invirtiendo.

¿Las grandes transacciones de más de 1.000 millones están compensando un año más conservador¿, señalan desde Baker McKenzie. Los analistas de EY señalan que, hasta septiembre y a pesar de la raquítica cifra de debuts, se habían levantado 145.100 millones de dólares, un 9% más que a igual altura de un año 2017 que fue más benévolo para las bolsas de mercados desarrollados.

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