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¿Adivinar cuándo entrar y salir de bolsa? ¡Ja! Cinco ventajas de la inversión periódica

Una inversión automática y periódica elimina el riesgo de las emociones

Los inversores suelen entrar atraídos por las subidas y venden en los peores momentos

Vicente Varó (Finect)

¿Adivinar cuándo entrar y salir de bolsa? ¡Ja! Cinco ventajas de la inversión periódica

Qué suerte tiene tu vecino, ¿verdad? Siempre te cuenta cómo logró entrar en bolsa en mínimos, cómo le guió su intuición para vender casi en lo más alto… El dineral que ganó con aquella operación o cómo vio claro que se iba a desplomar aquella otra acción y salió a tiempo. Qué curioso que siempre acierte, que nunca se equivoque y que presuma de todos sus éxitos a toro pasado, nunca por adelantado.

La realidad muestra que como tu vecino hay muy pocos. O quizá ninguno. Las cifras indican que la masa de inversores suelen entrar en bolsa atraídos por el brillo de los máximos en las cotizaciones cuando la mayor parte de la subida ya se ha producido. Y que acaban saliendo en el peor momento, cuando cunde el pesimismo y el mercado está a punto de tocar mínimos. En el último año tuvimos un nuevo ejemplo en España con las entradas y salidas en el popular Santander Small Caps España.

Las emociones juegan malas pasadas a los inversores y no siempre resulta fácil abstraerse de las subidas y bajadas de las cotizaciones a corto plazo. ¿Qué hacer? Una alternativa son las soluciones de inversión automática que cada vez más entidades ofrecen en España a los clientes. Es decir, invertir cada cierto tiempo, y a ser posible de forma automática, en varios fondos o en una cartera diversificada, sin preocuparse de qué está haciendo la bolsa en cada momento. 

Vamos a ver a continuación las cinco ventajas de este tipo de operativa: 

1. Eliminar el efecto de las emociones.

Si cada día 5 ó 10 de mes, das a tu entidad la orden de realizar una suscripción automática a un fondo o ejecutar una transferencia periódica a otra entidad donde tienes una cartera de fondos, los sentimientos de euforia y pánico desaparecen completamente de la ecuación. Y está más que demostrado que tradicionalmente han sido lo más dañino para el inversor de a pie, incluso por delante de las altas comisiones que paga en muchos productos financieros. 

"Evitarás así el gran peligro de la inversión: meter el grueso de tus ahorros en acciones cuando las bolsas ya han corrido mucho y el riesgo de una caída abrupta es cada vez mayor"

Además, ahorrarás tiempo en jugar a ser adivino, a intentar anticipar cada suelo y techo de mercado. Simplemente, serás un inversor que se beneficia de las bondades de la renta variable a largo plazo. Tendrás más fácil optar a las rentabilidades medias históricas de la renta variable, que de media asciende al 6,5% anual en términos reales, según datos de JPMorgan AM.

2. Evitar comprar en lo más alto

Si buscas dar un pelotazo invirtiendo, este método no es para ti. Pero si has asumido que no eres más listo del mercado, evitarás así el gran peligro de la inversión: meter el grueso de tus ahorros en acciones cuando las bolsas ya han corrido mucho y el riesgo de una caída abrupta es cada vez mayor. 

Al invertir todos los meses, el riesgo de entrar en los peores momentos se minimiza. Esto genera además una ventaja psicológica: esquivas esa sensación de que nunca deberías haber invertido que se produce cuando se cierra una operación con fuertes pérdidas por haber entrado en lo más alto. Además del consiguiente rechazo a la inversión durante los años posteriores, que impide al común de los mortales disfrutar de la revalorización de las bolsas a lo largo del tiempo.

3. Reducir el alto coste de procrastinar y el miedo a errar

Como en realidad no sabemos si el momento actual es bueno para comprar, para vender o todo lo contrario, muchos ahorradores procrastinan el momento de invertir. Aun sabiendo que necesitan obtener rentabilidad para su dinero y que la bolsa a largo plazo es el activo más rentable, van retrasando la decisión de empezar por esa inseguridad. La falta de conocimientos financieros tampoco ayuda, ya que muchas personas no acaban de decidirse por el temor a equivocarse por su baja cultura inversora. 

Curiosamente, estas sensaciones sólo desaparecen cuando la subida de los índices brilla tanto que deslumbra nuestra aversión al riesgo… Y ahí ya sabemos lo que pasa. Con un plan de inversión automático cada cierto tiempo, nada de esto sucede. Solo hay que dedicar 10 minutos a hacer el plan y dar la orden pertinente en nuestra entidad. El único reto será resistir a la tentación de modificar el plan en los malos momentos de mercado. Si no te ves capaz tu solo, un asesor financiero te puede ayudar a ponerte en marcha.

4. Empezar pronto y poner el tiempo a nuestro favor

Si eliminamos de nuestra mente todas estas complejidades autogeneradas, solo quedar darle al botón de empezar. Y, al simplificar todo el proceso, podemos arrancarlo en cuanto tengamos unos euros ahorrados. Se trata de ir invirtiendo un poco cada mes o trimestre, sin necesidad de esperar a tener una gran bolsa de dinero para comprar todo de golpe. 

Esto nos permite poner el tiempo a nuestro favor, que es lo más importante para la inversión a largo plazo, ya que habilita el interés compuesto y el brutal impacto que puede tener en las carteras. Es decir, los intereses que van generando nuestras inversiones pasan a generar nuevos rendimientos, que van generando un efecto bola de nieve. Algo que nos perdemos si jugamos a entrar y salir del mercado.

¿Cuánto puedo ganar invirtiendo a largo plazo?:


5. Generar hábito de ahorro e inversión

La mejor forma de “tener mucho dinero” es precisamente empezar a invertir bien 'lo poquito' que puedas ir ahorrando cada cierto tiempo. Y esto es algo de lo que adolece el inversor español, esta cultura de intentar ahorrar e invertir un 'poquito' todos los meses. Es verdad que muchos sueldos tampoco lo ponen fácil, pero en otros casos sí permiten la opción. 

Convertir la inversión en la primera factura que recibimos en nuestra cuenta cada mes ayudará a empezar a preocuparnos de nuestra jubilación, con un esfuerzo quizá importante, pero menor del que tendremos que hacer en el futuro, si no hemos podido ir invirtiendo para el futuro durante nuestra vida laboral. 

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