Opinión

El extraño caso de la recesión inducida por causas comerciales

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Ignacio Chacón de la Rosa

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Ignacio Chacón de la Rosa

El presidente de EEUU, Donald Trump./EFE

El presidente de EEUU, Donald Trump./EFE

Las razones habituales de una recesión son muy repetitivas: tipos de interés elevados como resultado de las políticas monetarias restrictivas, ciclo de inventarios, sectores sobredimensionados, burbujas, escasez de crédito, bancos quebrados y… guerras. Realmente estas situaciones se suelen presentar mezcladas haciendo más complicado determinar el origen exacto de la contracción. El que no resulta recurrente, y es difícil encontrar en los registros conocidos, es el comercio como responsable o inductor de una recesión. 

Retrotrayéndonos a 1807, encontramos una situación en la que EEUU, tratando de evitar verse envuelto en la guerra entre Francia y Reino Unido, impuso un embargo comercial que en aquel momento dio lugar a una recesión. Posteriormente se transformaría en depresión a pesar de que en 1810 se levantaron las restricciones impuestas. Ccomo curiosidad, y para rematar, no fue capaz de zafarse del conflicto bélico en el que posteriormente se vio envuelto. 

Visto así nos encontramos en aguas desconocidas, ya que el momento actual presenta de forma simultánea características que lo catalogan como “guerra comercial” tanto por las medidas anunciadas desde EEUU como por el tono con que se realizan. Aunque la esperanza es lo último que se pierde, llegados a este punto podemos elegir seguir un discurso optimista, que ya ronda el mercado y que propone que la recesión no tiene por qué ocurrir. Esta rama de pensamiento se apoya en argumentaciones como que la Reserva Federal tiene margen de actuación, y que las políticas expansivas de los bancos centrales tomadas globalmente conllevan la 'prosperidad permanente'. Por nombrar unas pocas más, también sugiere que se puede incrementar el déficit en países como EEUU o Alemania sin que llegue a ser problemático (cierto probablemente en el caso de Alemania), e incluso que la deuda acumulada y la pendiente invertida de la curva no han de preocupar.

"Se puede afirmar que probablemente el crecimiento en torno al primero el segundo trimestre de 2020 se va “a sentir” como cercano a la recesión"

Sin embargo, quizá sería preferible hacer acopio de las evidencias que tenemos, y que, precisamente hoy permiten realizar una predicción razonable sin acudir a desarrollos de indecible complejidad. Es constatable que:

1) Pocos países han llevado a cabo medidas fiscales expansivas con la excepción de China en los últimos 9-12 meses. Algunos, como Alemania, se han resistido a hacerlas pese a la presión reiterada del BCE. En el caso de EEUU. las medidas fiscales se presentaron en un momento en que no eran estrictamente necesarias, lo que obligó a la Reserva Federal a mantener un discurso firme que desembocó en políticas económicas que frenaban al mismo tiempo que aceleraban. Imaginen hacer eso con su coche… Este “hueco de inactividad” en las políticas macro tendrá su reflejo en la resiliencia venidera de la economía global, más aún teniendo en cuenta que ya se está registrando desaceleración en la actividad comercial global

2) El siempre ignorado precio del crudo llegó a subir un 36% en los primeros meses del año. Aunque la razón de la subida puede tener diversas naturalezas, el efecto sobre la economía es casi siempre el mismo, ya que suele contribuir a contraer la actividad con un decalaje de entre 6 y 12 meses. Precisamente estas semanas ha corregido sustancialmente, lo cual dado el interés de los productores por restringir la oferta nos hace intuir que quizá algo en el ciclo no va como debería

3) Las posiciones de trinchera que han tomado China y EEUU hacen muy difícil que puedan echarse atrás sin una buena excusa, lo cual deja entrever que podrían transcurrir meses sin que, de nuevo, se haga “nada”. Los elementos que forzarían una decisión serían bien una fuerte corrección del mercado o, en el peor caso, una fuerte desaceleración.

4) Existe una especie de ley que dicta que “orden + contraorden = desorden”, lo cual llevado al campo de las expectativas empresariales sólo apunta deterioro de la confianza, y con este un freno en el ciclo de inversiones que va a resultar complejo revertir sin un “game changer”.

y 5) Siempre que se toman medidas económicas hay que contar con que tardan un tiempo en actuar, en el caso de los tipos de interés entre 6 y 12 meses, de manera que…si la Fed bajase los tipos 25 puntos básicos en julio, ¿de verdad que todo se arreglaría? Igualmente si se decidiera dar marcha atrás a las medidas comerciales, el curso de acción probablemente más directo y sencillo, el impacto podría tardar unos meses en ser efectivo dado el errático discurso de las autoridades competentes.

La esperanza de que todo vaya a revertirse va quedando poco a poco aplastada por las evidencias y la falta de acción. Así mismo sólo teniendo en cuenta la dimensión temporal de la que hablábamos, deberíamos estar pensando que el deterioro macro tiene cariz global y que va a continuar pues ninguna medida significativa lo frena.

Por el momento, es pronto para decir que estamos frente a una recesión prolongada y profunda, pues los datos nos ofrecen información limitada, no sabemos qué medidas se van a acometer ni tampoco cuándo se van a aplicar. Sin embargo, sí se puede afirmar que probablemente el crecimiento en torno al primero el segundo trimestre de 2020 se va “a sentir” como cercano a la recesión, aunque luego veremos si la sangre llega o no al río.

¡Ah!, lo olvidaba, mal momento para proponer un Brexit duro

* Ignacio Chacón de la Rosa, Gestor de carteras multi-activo de Fonditel

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