Opinión

Greta Thunberg o la revolución de los adolescentes

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Juan Carlos Villanueva

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Juan Carlos Villanueva

La activista sueca Greta Thunberg participa en una protesta contra el cambio climático en Montreal./EFE

La activista sueca Greta Thunberg participa en una protesta contra el cambio climático en Montreal./EFE

Todos hemos visto en estos días esas imágenes de esa adolescente activista sueca llamada Greta Thunberg, que se dirigía a los mandamases de la política y de la economía en la Cumbre Climática recién celebrada en Nueva York y cómo con gran vehemencia les echaba en cara que estaban destruyendo su mundo, su futuro y sus esperanzas; defraudando con su pasividad no solo a los más adultos, sino especialmente a los más jóvenes

Sorprende que esta joven haya logrado en apenas un año no solo ser escuchada en los foros políticos, económicos y financieros más relevantes en relación al cambio climático, sino también movilizar todas las semanas a decenas y centenares de miles de jóvenes en centenares de ciudades a lo largo del planeta, para protestar por el cambio climático y, sobre todo, por lo que consideran débiles y escasas medidas que los gobernantes y los responsables económicos y financieros toman al respecto.

Habría que preguntarse por qué este mensaje y las intervenciones, con expresiones y apelaciones que rozan la rabia han logrado calar entre los jóvenes e incluso entre los adolescentes, que acuden en masa a la llamada de este movimiento para marchar por las calles de las grandes ciudades de manera, por ahora al menos, pacífica y lúdica, con eslóganes jugosos y atractivos, propios de su edad, pero también de su frustración.

La razón de fondo de esta movilización es que el cambio climático y sus consecuencias han aumentado la sensibilidad social y política. Es un hecho que en 2019 se han intensificado y multiplicado en las disposiciones normativas de un buen número de países las referencias a la lucha contra el calentamiento global, así como a la necesidad de aumentar la resiliencia de las ciudades y de toda clase de instalaciones para soportar las mayores y más numerosas catástrofes naturales que se espera vayan a generarse en un futuro próximo como consecuencia de este calentamiento global del planeta, junto con la urgencia por aumentar los recursos financieros con los que desarrollar las infraestructuras necesarias.

En este entorno, se han disparado las alarmas entre los más jóvenes, que ya de por sí sienten comprometido su futuro. Un futuro ensombrecido especialmente por las consecuencias del cambio climático, que se ha convertido en la encarnación moderna de sus amenazas y de sus temores.

Los riesgos y las consecuencias que puede traer consigo el cambio climático y el calentamiento global en términos de grandes tempestades, huracanes, ciclones o aumento y desbordamientos del nivel de los mares pueden poner en peligro la vida en las ciudades, especialmente las costeras, pero también pueden arrojar daños para la salud, la alimentación y el disfrute de la naturaleza y el medio ambiente, y recortar la calidad de vida de los futuros habitantes del planeta.

"Los poderes políticos, económicos y financieros deben tomar el relevo de esta cruzada adolescente para canalizar los recursos políticos, económicos y financieros"

Los jóvenes son los que parecen haber tomado conciencia de manera más acusada de la urgencia por frenar este proceso y, en la medida de lo posible, revertirlo o al menos evitar que los daños y los riesgos sigan creciendo hasta llegar a un punto de no retorno.

Respecto de este último aspecto resultaría fundamental que los poderes políticos, económicos y financieros tomen el relevo de esta 'cruzada adolescente' para poner a su servicio los recursos políticos, económicos y financieros necesarios para cambiar el curso de las cosas antes de que sea demasiado tarde.

Algo parecido ha planteado el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, en su discurso ante el plenario de la Cumbre Climática de la pasada semana al afirmar que las empresas que orienten sus modelos de negocio hacia un mundo sin carbón serán recompensadas mientras que quienes no lo hagan dejarán de existir.

* Juan Carlos Villanueva es editor de Guía de la Financiación Empresarial

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